11 junio 2010

El asombroso caso de JVM. Carlos Herrera.


JVM jamás imaginó lo que suponía firmar aquel papel que el empresario Ruiz Mateos le puso por delante. Era, teóricamente, un formalismo en el que no pasaba de ser un fárrago más de la complicada ingeniería administrativa con la que comandaba su emporio discontinuo. Trabajaba en ventas, era honrado, resolutivo, inocentón y absolutamente leal.

Con los años, uno de los procesos judiciales a los que fue sometido el empresario jerezano resolvió que había cometido un pequeño delito de alzamiento de bienes en el que habían colaborado —sin querer y sin obtener beneficio a cambio— alguno de sus colaboradores. La cosa se sustanció con una condena de dos años de cárcel a JVM, que, sin comerlo ni beberlo, se vio a sí mismo reo culpable de colaboración. Cómo no sería la cosa que el mismo juez de la Audiencia Provincial, Miguel Hidalgo, antiguo comisario de Policía y conocido, entre otras cosas, por haber sido quien exculpó a los policías del célebre «caso Bono», aconsejó en la misma sentencia el indulto al considerar que JVM había sido engañado y no era, por tanto, responsable consciente del desaguisado.

Curiosamente, el indulto fue denegado por el Gobierno. No pregunten por qué: no se sabe. Puede que todo lo referente a Ruiz Mateos se archive en la categoría de perseguible, pero lo cierto es que a JVM, asturiano padre de dos hijos, modesto comercial de flanes, le denegaron lo que el mismo juez que le condenaba pedía en su sentencia. Quiso la mala fortuna que una noche de sábado, de vuelta con su mujer tras unas cervezas con amigos, diese positivo en un control de alcoholemia. Rozando el límite, pero positivo. Eso significaba que debía cumplir la sentencia anterior al considerársele reincidente. Miguel Hidalgo, el juez comisario, dedicó todo su empeño en encarcelarlo sin atender a los abogados que le aseguraban que estaban tratando un nuevo indulto con garantías de intervención de altos cargos del Ministerio de Justicia. Ni hablar. A la cárcel.

JVM fue encarcelado un par de semanas antes de Nochebuena, para más escarnio, y en prisión permanece. El Ministerio de Justicia propuso un nuevo indulto al Gobierno, que en esta ocasión concedió, pero de carácter parcial, no total, lo que significa que tendrá que permanecer en prisión hasta pasado el mes de agosto. ¿Crueldad? ¿ganas de joder? Entretanto, su mujer y sus dos hijos sobreviven como pueden. A JVM le conservan su puesto de trabajo al tratarse de un hombre extraordinariamente honesto y profesional, pero ello no es suficiente para los Hidalgos, los Caamaños y demás hierbas.

¡Qué más hubiera querido JVM que tener una madre como la de Rafael Díez Usabiaga! El batasuno ha tenido mejor suerte: estando su madre como una rosa, un juez apellidado Garzón le ha dado la libertad para que acompañe a su progenitora en el duro trance de ser dependiente. De lo fuerte que está, si la madre del proetarra te arrea con el bolso te arranca la cabeza, pero eso no importa ante la necesidad política de tener en la calle a un delincuente como el sindicalista de LAB por si le hace falta al Gobierno. Son las diferentes varas de medir: desde su celda, JVM asiste perplejo al comparativo sangrante. Él, por dos cervezas, entre rejas; Usabiaga, por colaborar con ETA, banda asesina que se ha llevado por delante la vida de casi mil personas, de paseo por su pueblo sin preocuparse siquiera de ir a visitar a la excusa por la que le han concedido la libertad para estar pendiente del teléfono rojo. ¿Se les ocurre algún comentario?

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