jueves, 24 de junio de 2010

Vamos a hablar de chicas. Santiago González.


El Senado aprobó ayer una proposición de la dirigente del PP en Cataluña en la que se instaba al Gobierno a prohibir el burka en el espacio público. La información de El País da cuenta de que Montserrat Candini, senadora de CiU, había suscrito el texto alternativo del PSOE, pero que cambió de opinión ante la negativa socialista a aceptar la inclusión del término 'prohibir' en su propuesta. Aquí debe señalarse que el PP aceptaba retirar su proposición y sumarse a la suscrita por los demás grupos, con una sola condición: sustituir el término 'erradicar' por 'prohibir'.


Inútilmente tratará el lector de saber cuáles son los argumentos del PSOE para oponerse a la prohibición. Inútil que trate de encontrar un mínimo de coherencia política. Votar 'No' a la prohibición, cuando los alcaldes del PSC lo han prohibido en sus municipios y el ministro de Justicia terció con esa ligereza conceptual que es divisa en los Gobiernos de Zapatero para anunciar que la Ley de Libertad Religiosa regularía el tema en el futuro. Como sabe casi todo el mundo, el burka y el niqab no son atuendos vinculados al hecho religioso, tal como explicaba Jose A. Gundín en La Razón mediante columna más que razonable:

"Habitar el espacio común, la plaza pública, exige compartir unos códigos básicos de reciprocidad. Quien oculta su identidad a la vista de los demás rompe una regla elemental de la convivencia: el reconocimiento e identificación mutuos. Quien vela el rostro rompe el pacto tácito de confianza. Por eso no sería aceptable, por ejemplo, que la gente paseara por la calle cubierta con pasamontañas. Un bulto informe que se desliza entre los viandantes no es una persona, sino un signo de interrogación. Un agujero negro. Una incertidumbre. Un desasosiego.?"



He aquí, como contrapunto, el artículo de análisis publicado en El País por la subdirectora Berna González Harbour. El párrafo final, en el que la analista funde burda y explícitamente el análisis con el hooliganismo, debería ir al principio, como explicación de propósito. Alternativamente sirve para explicar uno de los misterios de TVE desde los Mundiales de 1986, cuando, en la retransmisión de un partido de la Selección Española, un gol de Butragueño fue acompañado en la repetición con el subtítulo "Vota PSOE".

En el pensamiento socialdemócrata no cabe la idea de que un partido de derechas defienda la libertad y la igualdad de las mujeres o la libertad a secas, por ser ambos conceptos patrimonio exclusivo de la izquierda y superioridad moral. ¡Vaya! A ver si ahora van a querer ser el partido que defiende a las mujeres. Por eso renuncian a argumentar. No lo necesitan. Por eso la secretaria de Organización Pajín dice: "No permitiremos que ninguna dirigente del PP nos de una lección de igualdad". Por eso dice que el PP mantiene estas actitudes por electoralismo y ansia de poder, no como el PSOE que sólo está guiado por la aspiración de hacer felices a todos y a todas.

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