La pelea de dos calvos por un peine. Fernando Ónega.


La parte más seria del debate ha sido el diálogo entre Zapatero y Duran Lleida sobre la sentencia del Estatut. La más seria. La más serena. La más razonada. La que nos hace desear que todos los debates parlamentarios sean así. Primero, porque se hizo sin descalificaciones ni ofensas. Segundo, porque Duran obligó al presidente a definirse, y el presidente encontró tiempo y clima para expresar su posición. Tercero, porque, siendo un asunto tan pasional, se ha conseguido abordar desde la razón jurídica y el compromiso político. Cuarto, porque no se han rehuido las palabras, y Duran lo dijo en las Cortes de España: crece el independentismo, y las Cortes lo tienen que saber. Y quinto, porque la voz del mismo Duran sonó como una llamada de Catalunya a la puerta de España para que le dejen estar dentro. Como espectador, no puedo pedir más.
El resto merece el título de "Sin noticias de Dios". Nada nuevo por aquí, nada por allá, ningún anuncio, ningún conejo de la chistera, sólo la frase a la que finalmente se apuntó Rajoy: elecciones ya. Eso fue todo. Eso sí, con gran orgullo de González Pons, que imaginaba en el pasillo ese gran titular en todos los diarios: Rajoy reclama elecciones. Ahí se acaba la oferta de alternativa. Ahí se agota el cerco del mayor grupo de oposición. Zapatero no se merece ese regalo, pero se lo han hecho.

Y es que Mariano Rajoy probablemente cometió ayer el gran error de los últimos meses: transmitir que no tiene otro objetivo que machacar a Zapatero. Lo hace con intensidad. Con crueldad. Con brillantez, porque es el diputado que mejor maneja el idioma, es paisano de Valle-Inclán y habla para una hinchada que enardece. Pero tiene un fallo que le da autoridad a Zapatero: si el presidente es tan desastroso y es el problema del país, la obligación de la oposición es tumbarlo con una moción de censura. Si no la puede presentar, hundir al Gobierno no es más que agravar la crisis del país. Si no fuese por el estado capilar de Duran, diría que el mano a mano de Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero ha sido la pelea de dos calvos por un peine. El peine es la confianza, y la frase "usted tampoco está para tirar cohetes".

Lo malo para el presidente Zapatero es que mucha gente piensa como Rajoy, y no le importa la oferta del conservador. Lo gordo es que entre esa gente hay socialistas. Y lo inquietante es que Rodríguez Zapatero no presentó ayer un discurso que lo desmienta, que cambie su destino, o que cree un poco de esperanza y de ilusión. Con lo cual, de estado de la nación, poco. De estado de la sociedad, casi nada. Entre los dos grandes no hay, no hubo nunca, más que lucha por el poder.
*Fernando Ónega, Licenciado en periodismo. Colaborador de TVE, de "La Voz de Galicia" y de "La Vanguardia", ha trabajado en distintos medios escritos (llegó a ser director del diario "Ya"), radiofónicos (fue director de informativos de la cadena Ser y de la cadena Cope, y director de Onda Cero) y televisivos, donde ha tenido puestos de responsabilidad tanto en TVE, como en Telecinco y Antena 3.

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