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domingo, 4 de julio de 2010

Montilla pide justicia. Iñaki Garay

Cuando Montilla pide justicia, lo único que quiere es que le den la razón. Pero, ¿cómo es posible darle la razón a alguien que no la tiene o la ha perdido?. Tan consciente era el president de que el Estatut era nocivamente inconstitucional, que ha hecho todo lo posible durante todos estos meses para intentar evitar que hubiera sentencia. ¿Por qué digo nocivamente?.

Pues porque es posible que muchos otros estatutos hayan colado de rondón temas que también son inconstitucionales, pero que en ningún caso llegaban a poner en peligro la supervivencia del Estado. No digo que Montilla sea independentista, pero, en su afán por hacerse querer por quien lo es, ha sido desleal con España. Como el adolescente que acaba consumiendo droga no porque lo desee sino porque cree que así impresiona, o quita protagonismo, a sus amigos mayores.

Al final, sin pretenderlo, acaba tan pillado que no se reconoce a sí mismo. Está con el mono. Y, como todos los que han lidiado con este grave problema saben, cuando uno está con el mono puede pasar cualquier cosa, incluida una barbaridad.

Montilla, llevado por su propia debilidad política, ha empezado por amenazar con la insumisión. Él ha situado ya a una altura demasiado alta el listón de la protesta por la sentencia del Constitucional, y a partir de ahora los grupos nacionalistas no harán otra cosa que elevarlo. La dinámica política que se abre es hasta tal punto perversa que en el PSOE están programando ya el entierro de Montilla.

Zapatero tiene en mente que el sacrificio del president tal vez le sirva para sobrevivir, y para ello dicen que está pensando en enviar bien a Corbacho o bien a Chacón, o a ambos, de vuelta a Cataluña para organizar una transición pacífica en el PSC. Si Montilla, como vaticinan las encuestas, se hunde, Chacón y Corbacho se encargarían de organizar su retirada y de tenderle un puente de plata hacia la presidencia de la Generalitat a Mas.

A cambio, Zapatero alberga la esperanza de contar con CiU en el caso de que el PP no alcance la mayoría en las próximas generales. La pregunta es ¿qué gana CiU con todo esto? ¿Por qué iba esta formación a pactar con el hombre que carga sobre sus espaldas la responsabilidad de la crisis y ha defraudado todas las expectativas que levantó con el Estatut? No hay ninguna razón.

Sobre el futuro de Cataluña, no lo tengo claro. Hay quien dice que el soberanismo está en la calle, pero cuando oigo a hablar a catalanes a los que todos admiramos como Pep Guardiola o Pau Gasol, creo que en aquella tierra hay mucho más sentido común del que demuestran algunos políticos.


* Iñaki Garay Zabala es director de redacción del diario económico Expansión desde mayo de 2005. Actualmente colabora en el programa de Telemadrid “Alto y Claro”, en “El rompeolas” de Onda Madrid, “La brújula” de Onda Cero. También escribe en la publicación “Cuadernos de energía” del Club español de la energía.

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