jueves, 29 de julio de 2010

Sálvate, toro de España. Antonio Burgos.

EMPEZARON por el toro de Osborne, y hoy van a por el toro de España. Al toro, que es una mona. Quieren apuntillarlo. Amontillarlo. Un renegado paisano de Manolete y del Cordobés será quien lo prohiba en Cataluña. Empezaron por la zaina silueta del toro de Osborne encampanado en El Bruch. Le aserraron las patas. ¿Cómo quienes dicen defender a los animales pueden cortar la pata a un toro, como si fueran Chamaco en la Monumental de don Pedro Balañá en los años 50? Los animales les importan una higa. A don Fernando Adrián ni le tosen si hidrogena langostas vivas. Estaban contra el toro de Osborne porque lo vieron como escudo de la bandera de España, pues campea en el albero de su central franja amarilla cuando los chavales cantan: «Yo soy español, español».

¿Por qué quieren prohibir la Fiesta Nacional? ¿Por Fiesta o por Nacional? Por Nacional. En Cataluña no hay más fiesta nacional que la sardana, San Yordi, la fuente de Canaletas y la butifarra. Y no sé por qué la han tomado contra los toros, si antes no han prohibido otros símbolos patrios. ¿O esto es sólo el comienzo? Si es por prohibir cuanto huela a España, tendrán que declarar fuera de la ley la tortilla española, el Ave, el flamenco, la sangría, la paella, los bocadillos de calamares, el pasodoble, el sombrero de ala ancha de Tío Pepe y ni te cuento la Feria de Abril de Barberá del Vallés. Y si prohiben los toros como institución nacional, más institución nacional es el Cortinglés, la única que hoy por hoy une a las Españas por encima de estatutos y separatismos, y ahí la tienen, encampanada en la Plaza de Cataluña. O la Liga Nacional de Fútbol. ¿Por qué prohiben los toros y consienten que el Barcelona gane una Liga absolutamente españolista, donde milita el Real Madrid, máximo símbolo del centralismo?

Claro, como los toros están en las manos que están... Las más ardorosas, valientes y razonadas defensas de la Fiesta Nacional en Cataluña las han hecho quienes no viven del toro. ¿Es apoderado de Ponce, o empresario de Málaga, o ganadero de bravo acaso don Alberto Boadella? No, es un aficionado. Un aficionado a la libertad y a la cultura, no al maldito parné. Lo peor de la Fiesta es que está en manos de los aficionados... al maldito parné, al jurdó, que no ven más allá de su pliego de condiciones, su poderdante y su camada. Me lo dijo en Antequera un cultísimo aragonés, don Manuel Cisneros, gran egiptólogo, pues fue apoderado del Faraón de Camas: «El fútbol es un negocio de torpes en manos de listos, y los toros, un negocio de listos en manos de torpes». ¿Dónde está la CEOE del toreo, la UGT y Comisiones del Toreo, dónde la Liga Profesional del Toreo, la SGAE del Toreo? Los que viven de la Fiesta ¿qué han hecho para impedir que la España que no quiere serlo tome a los toros como víctima propiciatoria? No han sabido, ni querido, ni podido impedir el ritual sacrificio del Toro de España en el ara del Parlamento catalán. El toro de Miguel Hernández: «Despierta, toro: esgrime, desencadena, víbrate./ Levanta, toro: truena, toro, abalánzate./ Atorbellínate, toro: revuélvete. Sálvate, denso toro de emoción y de España./ Sálvate.» (Sálvate, sobre todo, toro, de los que viven a tu costa y de los que te odian porque eres España.)

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