13 septiembre 2010

Los sindicatos, sus ridículos spots publicitarios y la poca credibilidad que despiertan.

Hace unos días tuve la oportunidad de visionar el "didáctico" spot publicitario realizado por UGT ante la situación actual. La explicación de la huelga general, en un reducido skecht, que quieren trasladarnos Méndez y Totxo... simplemente vomitivo. No me explico como no les da vergüenza gastarse las millonarias subvenciones en pantomimas tan espantosas como es el anuncio. ahí os lo dejo:

Bueno, ya han visto el modelo de empresario que nos venden; drogadicto, sinvergüenza, ridículo, explotador... perfectamente captada la esencia del empresario, según UGT, por ese gran actor que es Chikilicuatre. Por supuesto, y que no falte, el "recadito" al PP es, cuando menos, vergonzoso. Ni una crítica al PSOE, ni una crítica a la Reforma Laboral, ni un crítica a los recortes sociales; el vapuleo para el partido que no gobierna y oposita y para los empresarios.

Lo peor de todo es que nos amenazan con sacar más de estos, al parecer es el primer capítulo de una serie de ellos que quieren trasladar a la opinión pública.

Sólo dejo un botón para que piensen ustedes sobre todo esto: UGT y CCOO se embolsaron el año pasado 250 millones de euros en forma de subvenciones, no vayan a creer ustedes que los liberados sindicales hacen su ¿trabajo? por amor al arte. 250 millones en subvenciones sin contar lo que genera su actividad empresarial (que la tienen, para más inri) con sus promotoras, ópticas, negocios de hostelería, ect...

El caso es que los periódicos serios ya han lanzado el grito al aire y están que trinan, os dejo un artículo de "La Vanguardia" que versa sobre todo esto.


Dignidad en tiempos de crisis. Alfredo Abián.
Conservar la dignidad en tiempos de crisis es tarea más ardua de lo que imaginábamos. Los sindicatos, sin ir más lejos, nos ofrecen un guión deplorable ante su huelga general del día 29. Unos apuran el diccionario retórico hablando de "la gran putada" indeseada que supone dicho reto. Otros pretenden lavar sus conciencias contratando a cómicos capaces de aniquilar la dudosa capacidad de raciocinio de una ameba. Sólo hace falta que la CEOE o el Gobierno contraprogramen con Chiquito de la Calzada para que nuestros lagrimales, hartos de llorar y no precisamente de risa, se transmuten en vejigas urinarias incontenibles.
Lo grave es que la situación no está para bromas. El Estado de bienestar pierde el aliento cada día que pasa. Sus teóricos abandonan la vieja condición de servidores de la seguridad social y se transmutan en sepultureros del instituto anatómico forense. Su última autopsia es inapelable: el sistema de pensiones actual se extingue. La Comisión Europea ya ha recomendado que la edad de jubilación de los 27 países de la Unión se eleve a las 70 primaveras. No debemos quejarnos, puesto que apenas dos de cada diez personas del mundo mundial tienen derecho a algún tipo de pensión. Para esa inmensa mayoría, el Estado no es de bienestar, sino terminal; un territorio para la indigencia.
Ahora bien, la crisis también es aprovechada por los tratantes de ganado de las sociedades desarrolladas. La izquierda alemana ha calculado que un mileurista de hoy cobrará 400 eurillos de jubilación dentro de 45 años. Corremos el riesgo de legar a nuestros hijos una prosperidad de alcantarilla. La socialdemocracia en cuarto menguante se extinguirá, y la jalea ideológica puede ser tal que sus supervivientes serán capaces de vendernos la elegancia de las chozas de diseño.
Alfredo Abián, vicedirector de "La Vanguardia".

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