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lunes, 22 de noviembre de 2010

La credibilidad de Zapatero más cuestionada que nunca.



Atendiendo a las reacciones de los medios de comunicación a la entrevista que concedió Zapatero a "El País" no nos queda otra que aseverar lo que adelantamos en el título del post. Es notorio que un halo de escepticismo, desconfianza e incertidumbre envuelve el artículo al respecto de Arsenio Escolar en "20 Minutos". Si recurrimos a la columna de José María Carrascal en "ABC" nos encontramos con un argumentado ataque frontal hacia la credibilidad de Zapatero.


Es curioso comprobar como ambos periodistas centran el hilo de sus artículos en hechos diferentes; mientras Escolar profundiza en las propuestas de Zapatero Carrascal prefiere hacer hincapié en el repaso que Zapatero hace de sus pasadas acciones.


Y es que resulta sorprendente que Zapatero no guarde intereses para con su partido aferrándose a una poltrona que el viene grande desde hace tiempo... las críticas más ácidas, con razón, se han vertido hacia él tanto desde dentro como fuera y lejos de plantear, por iniciativa propia, un relevo presidencial con algún candidato del partido socialista; está dispuesto a quemar en las brasas a su partido arrastrándolo con su imagen corporativa.


Os dejo los artículos a los que me he referido con anterioridad para que saquéis vosotros mismos vuestras conclusiones.


Zapatero tiene otro plan. Arsenio Escolar.

“¿Cómo piensa acelerar la salida de la crisis?”, le pregunta el director de El País, Javier Moreno, al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en una entrevista que se publica hoy. “En lo inmediato, las dos prioridades son la inversión y la competitividad. Muy próximamente el Gobierno va a lanzar una gran iniciativa con el objetivo de implicar a los grandes sectores económicos y políticos.Vamos a tomar decisiones y a aprovechar a la vez nuestra proyección internacional. En enero realizaré una nueva gira asiática, que será la tercera en los últimos dos años, porque necesitamos incrementar las inversiones extranjeras en España y mejorar nuestras exportaciones. Estos dos elementos son las puntas de lanza de nuestro crecimiento y ahora tienen que ser además el acelerador de la recuperación. Me estoy refiriendo a intensificar las relaciones, en los dos sentidos, con países como China, Japón, Corea del Sur, la India y Singapur”.
“¿Cómo va hacer todo eso?”, pide detalles Moreno. “En pocos días convocaremos a los 25 grandes grupos empresariales de nuestro país”, responde Zapatero. “¿Para hacer qué exactamente?”. Y Zapatero no concreta, se va por otro lado: “El Gobierno, además de la iniciativa política y de la implicación de las grandes empresas,adoptará decisiones, algunas de ellas aún están en elaboración, y articulará también algunos estímulos. Además de ello, vamos a crear una Comisión Nacional de Competitividad, no como un instrumento coyuntural, sino como un organismo estructural y necesario del que carece la economía española. Bajo el impulso de la vicepresidenta segunda, Elena Salgado, este nuevo organismo estará integrado por importantes personalidades de la economía y por algunas más que han desempeñado responsabilidades políticas en el pasado. Ellos serán los encargados de definir, evaluar, promover la competitividad de nuestra economía, además de proponer actuaciones concretas”.
¿Qué les pedirá Zapatero a los 25 mayores empresarios españoles? ¿Que inviertan, que aceleren proyectos y creen así empleo, pese a lo duros que están los tiempos, pese a la debilidad del consumo y al resto de nubarrones económicos? ¿Qué incentivo les pondrá para que lo hagan, qué “estímulos”, como él dice? ¿Y a los inversores extranjeros? ¿Qué tiene que ver en todo eso esa Comisión Nacional de Competitividad que anuncia el presidente?
No sabemos detalles, pero Zapatero parece que tiene un nuevo plan económico. ¿O es una ocurrencia?
Hace dos años, el Gobierno de Zapatero lanzó un plan expansivo, el Plan E, con gasto e inversión públicos que intentaban contener el frenazo de la economía. Hace seis meses, decretó el Ejecutivo un plan restrictivo, un brusco recorte social y de gasto público para reducir el déficit y tranquilizar a los mercados financieros internacionales. ¿Y ahora? ¿De nuevo un plan expansivo, un intento de estimular la actividad económica pero esta vez con dinero privado, español y extranjero?
He preguntado esta mañana a dos fuentes gubernamentales, y por ahora no tengo respuestas.



El pastor y el lobo. José María Carrascal.

LE ha ocurrido lo que al pastor de la fábula, sólo que al revés. El pastor anunció tantas veces la llegada del lobo que cuando vino de verdad no le creyeron. Zapatero ha negado tantas veces la crisis que cuando la admite, no le hacemos caso. Ha perdido la credibilidad, algo grave en política y fatal en economía, que se funda precisamente en el crédito, y las declaraciones que ha hecho a Javier Moreno no van a ayudarle a recobrarlo. Al contrario, nos confirman que estamos, no ante un optimista antropológico, como generosamente se le caracterizaba, sino ante un mentiroso compulsivo, alguien que miente incluso cuando dice la verdad, al ser incapaz de asumirla.
¿Cómo puede decirse, como ha dicho en la entrevista, que «los recortes sociales han sido muy limitados» cuando han sido los mayores en democracia? ¿Cómo puede sostenerse que «el sueldo de los funcionarios no es un derecho social»? ¿Cómo puede olvidarse en las dramáticas jornadas de mayo que fue una llamada de Obama lo que le hizo aceptar los recortes? ¿Cómo puede negarse que volvemos a estar en situación de riesgo cuando él mismo ha dicho que la recuperación no es segura? ¿Cómo puede aventurarse que «ser rescatado por otros países no es un problema de deuda»? ¿Cómo puede llamarse «debate sobre la crisis» lo que fue su tozuda negativa a reconocerla? Al final, como ocurre a todos los mentirosos, se descubre al decir que «un presidente siempre tiene que dar estímulo». En pasiva: nunca debe reconocer desgracias. Estamos ante una de esas personas que se engañan a sí mismas, como si llevaran la mentira en su ADN.
Para salir de la crisis sigue fantaseando: va a crear una Comisión de Competitividad con la personalidades más relevantes y prepara una gira por Asia en busca de inversores y exportaciones. Lo que busca realmente es esconderse tras esas personalidades, a las que nunca ha hecho caso, y engañar a los asiáticos, creyendo que son tan tontos como los españoles. ¡Buenos son ellos! Pero ni siquiera eso sabe el hombre en cuyas manos hemos puestos nuestras vidas y haciendas.
A estas alturas, el único que cree a Zapatero es él mismo, y ni siquiera del todo como comprobamos en sus continuas y erráticas contradicciones. Se me apuntará a sus colaboradores más inmediatos, los ministros. Y responderé que están obligados, no a creerle, pero sí a obedecerle, lo que hacen con gusto por los beneficios que les reporta. No volverán a tener tal protagonismo en su vida, por lo que procuran alargarlo lo más posible. No hay nada de hermoso ni de heroico en este desesperado esfuerzo por escapar de los propios errores y mentiras que está escenificando el inquilino de La Moncloa. Sobre todo, cuando sigue sin metabolizarlos.


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