Rajoy no descarta, por vez primera, el rescate y lo condiciona a las exigencias de Bruselas respecto al mismo.

Después de sus esquivas declaraciones tras la reunión del jueves con el primer ministro italiano, Mario Monti, el presidente del Gobierno español no podía permitirse otra rueda de prensa que gravitara sobre la nada. El balance que ayer ofreció Mariano Rajoy sobre su primer semestre de mandato ofreció algunas pistas sobre la postura del Ejecutivo respecto a la ayuda "con condiciones estrictas" (o séase, compra de deuda a cambio de más reformas económicas) que pretende concederle el Banco Central Europeo (BCE). Rajoy dijo que su equipo "todavía no conoce lo que está planteando" Mario Draghi y que, por tanto, "no se ha tomado ninguna decisión".

"Lo que quiero es conocer cuáles son esas medidas no convencionales, lo que significan, lo que pretenden y si son adecuadas", explicó el presidente. Es decir, que desea obtener más detalles del proceso de salvamento financiero que tiene Draghi sobre la mesa antes de hacer cualquier petición oficial o, al menos, de cara al público. "A mí nadie me ha exigido nada", respondió el presidente a las preguntas sobre si España estudia echarse en brazos del organismo monetario para que la prima de riesgo baje de una vez a niveles asumibles. El diferencial descendió ayer a 543 puntos tras la abrupta subida hasta los 600 provocada un día antes por el jarro de agua fría vertido desde Fráncfort.

En la misma sala de La Moncloa donde ayer habló Rajoy, Monti reconoció el jueves que su país sí contempla someterse a una ayuda light para aflojar las presiones de los mercados sobre la deuda soberana, dejando claro que no se trataría en ningún caso de un rescate similar al de Grecia, Irlanda o Portugal.

"Cada uno toma las decisiones que cree convenientes", señaló un huidizo Rajoy al respecto. "Monti dijo que ni descartaba ni dejaba de descartar nada", añadió, como queriendo extender a su homólogo italiano la indefinición que él mismo ha mostrado en los últimos días. Además, insistió en que ambos países viven una situación económica diferente, y lo argumentó esgrimiendo los niveles de deuda pública de cada uno: menos del 80% del PIB en el caso de España y más del 120% en el de Italia.

ELEMENTOS POSITIVOS


El presidente recalcó que, al margen de la decisión que adopte Italia, el Gobierno hará "lo que convenga a los intereses generales del conjunto de los españoles". Además, subrayó "dos elementos positivos" de las últimas declaraciones de Draghi: que haya reconocido que las primas de riesgo de ciertos países de la eurozona son "inaceptables", y que "por primera vez" se haya mostrado dispuesto a "intervenir".

Con todo, el presidente no obvió las dificultades que está atravesando la economía, en especial la abultada deuda externa del país, que asciende a 900.000 millones de euros. "Lo que debemos, que es mucho, hay que devolverlo y en estos momentos es muy difícil que nos lo presten", admitió. Según sus datos, los intereses de los préstamos en el contexto de la tensión financiera de las últimas semanas ascienden a 8.000 millones.

El líder del Ejecutivo, en un discurso con clara intención pedagógica y que resumió las reformas emprendidas desde el pasado diciembre, insistió repetidas veces en que "la Administación pública no puede gastar más de lo que ingresa", y puso como ejemplos negativos los años 2008 y 2009, cuando el gasto público "no se redujo" pese al desplome de la recaudación tributaria.


Además, rechazó que la zozobra económica desde que el PP llegara al poder haya desgastado su resistencia política y la de sus ministros, y rechazó cualquier crisis de Gobierno. "Estoy muy contento y satisfecho con mi equipo", afirmó con una sonrisa en la cara.

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