29 septiembre 2012

El crucial test a la banca no deparó sorpresas desagradables. El resultado puede considerarse satisfactorio.


La banca española deberá reforzarse con otros 54.000 millones de euros para dar un nuevo paso en su proceso de saneamiento y recapitalización. Después de tres años de reestructuración, combinado con la limpieza que permitirá el banco malo, y dependiendo de en qué grado la recesión siga castigando los balances, este esfuerzo debería ser, sobre el papel, el definitivo.


El test de estrés realizado por Oliver Wyman cuantificó ayer, después de cuatro meses de trabajo, la necesidad final de capital del sector financiero español. Enmarcada en el rescate bancario pactado con Europa, la prueba ha revelado que siete entidades (BFA-Bankia, Catalunya Banc, NCG Banco, Banco de Valencia, Popular, BMN y la unión de Ibercaja y Liberbank) requieren un refuerzo de 53.745 millones. El importe sube a 59.300 millones, si no se tienen en cuenta los efectos contables de las fusiones y los créditos fiscales.

REPARTO


Sin sorpresas, los grupos ya nacionalizados absorben el grueso de la factura, un 86%. BFA-Bankia, Catalunya Banc, la unión de las cajas gallegas y Banco de Valencia requieren 46.200 millones para mantener una ratio de capital (core Tier 1) de al menos el 6% ante un deterioro económico extremo, con una probabilidad de ocurrencia de menos del 1%. La necesidad global de los otros tres bancos (Popular, BMN y Libercaja) suma 7.500 millones de euros.

Si desde hace meses están identificadas y delimitadas las debilidades del sector, también sus fortalezas. El test de la consultora estadounidense ha vuelto a confirmar que el grueso del sistema está sano. Además de Santander, BBVA y CaixaBank (su aprobado era conocido desde el test de estrés provisional de junio), también tienen potencia para sortear una dura recesión Kutxabank, Sabadell-CAM, Bankinter y, de un modo más ajustado, la fusión de Unicaja y España Duero. En conjunto, estas siete entidades tienen un exceso de capital de 45.800 millones. Es decir, el exceso de solvencia de la banca sana prácticamente podría cubrir el déficit de los grupos débiles.

Descatan, en términos absolutos, los datos de los dos grandes bancos: la holgura de Santander suma 25.300 millones de euros; la de BBVA, casi 11.200 millones. CaixaBank aún tiene un margen de 5.720 millones, a pesar de haber absorbido a pulmón Banca Cívica.

Pica para agrandar

El sector necesita 54.000 millones, pero todo este peso no recaerá sobre el contribuyente. "El cálculo no va a coincidir con el volumen de ayudas públicas. Habrá una discrepancia importante", indicó Fernando Restoy, subgobernador del Banco de España, durante la presentación de los resultados de la prueba.

Hay entidades con capacidad para captar fondos privados y las que requieran ayuda reducirán sus necesidades con ventas de activos, el traspaso de inmuebles al banco malo y la absorción por parte de los inversores de títulos híbridos de un porcentaje de las pérdidas.

Según cálculos del Gobierno, el coste público se reducirá en torno a un tercio. En la práctica, las ayudas estatales necesarias se situarán en torno a 40.000 millones de euros, según señaló el Secretario de Estado de Economía, Fernando Jiménez Latorre.

Una vez conocido el resultado de la prueba, el sector afronta una nueva etapa, en la que los dos grupos, débiles y sanos, tienen papeles bien claros.

DIVISIÓN DE PAPELES



Los siete grupos que han suspendido el examen tienen días contados, prácticamente dos semanas, para presentar al Banco de España un plan donde detallen cómo prevén subsanar el desfase. Deben estar listos para mediados de octubre, para que sean evaluados por el Banco de España y las autoridades europeas.

En este sentido, las cuatro entidades que ya están bajo el control del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (Frob) tienen parte del trabajo avanzado. Desde julio, España está en contacto con Europa para concretar su futuro. Restoy indicó ayer que las consultas con Bruselas aún no han entrado en la fase de establecer si estas entidades serán sometidas a un plan de reestructuración o de resolución-liquidación ordenada. Es una negociación compleja, constató, y de momento está planteada en términos de reestructuración mediante ajuste de capacidad o venta de negocios no rentables, por ejemplo. "El planteamiento sigue siendo vender las entidades en cuanto sea posible. Hay que elegir el momento oportuno. No es tan fácil", dijo Restoy. Las subastas de Catalunya Caixa y Banco de Valencia, paralizadas, podrían retomarse en los próximos meses.

Los otros tres grupos tienen retos distintos. Popular, esquivar la inyección temporal de dinero público. Libercaja, salvar su fusión, y BMN, intentar evitar hasta el final la nacionalización.


Por su parte, las siete entidades sanas entran en fase de esperar y ver. Están llamadas a adquirir los activos buenos de las entidades débiles, en bloque o en partes, en cuanto se clarifique el escenario. "No vamos a cometer el error de fusionar entidades débiles", dijo Restoy. Con contadas excepciones, las uniones pactadas desde 2009, la mayor parte impulsadas por el anterior Gobierno, pero también algunas empujadas por el actual decreto, requieren capital.

Los expertos tienen dudas sobre la acogida que los inversores darán a la prueba, pero el Gobierno es optimista. "Lo normal es que sea positiva", dijo Latorre. El rigor de la prueba, el saneamiento y la desaparición de las entidades inviables deberían "disipar todas las dudas", indicó. No hay optimismo, en cambio, sobre el crédito. La debilidad de la banca no es el principal motivo de la sequía de financiación, apuntó Restoy. Más bien, la recesión y el desapalancamiento de la economía.


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