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jueves, 31 de enero de 2013

"El órdago de David Cameron". Santiago Álvarez de Mon.



La nueva Torre de Babel, el grandioso monumento de la unidad espiritual de Europa, se ha hecho añicos. Los que trabajan en la obra han desertado… Sin el esfuerzo común conservador y perdurable se derrumbará en el olvido. Existen, entre todos los pueblos, muchos que desean retirar del edificio maravilloso lo que sus naciones habían aportado a la obra común, sin preocuparse de las grietas que puedan causar en ella… Debemos retornar a la edificación, cada uno en el puesto que abandonó en el momento en el que la confusión advino. Pero si nos limitamos a crear, con el viejo ardor, la torre se alzará de nuevo y en las alturas volverán a encontrarse las naciones”.

Así acaba Legado de Europa Stefan Zweig. Su mundo parecía derrumbarse a su alrededor. El compromiso anunciado del primer ministro británico, David Cameron, de convocar un referendum sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea si gana las elecciones de 2015, me ha animado a la lectura del gran escritor austriaco. Parece que la moda actual en Europa es convocar referéndums. ¿Exquisitez democrática, cumbre de participación ciudadana, ejercicio excelso de libertad, o táctica negociadora, estrategia suicida, farol imprudente, irresponsabilidad política? El señor Cameron habla de “cambio en Europa, porque nos estamos quedando rezagados estableciendo demasiadas reglas para las empresas, añadiendo costos y dejando atrás a nuestros ciudadanos.”


Evidentemente cualquier paso que se dé para eliminar trabas burocráticas en Bruselas, para agilizar y abaratar su funcionamiento, para que el viejo continente sea un jugador más competitivo y flexible en el certamen internacional, será bien recibido por unos ciudadanos hartos del despilfarro e inoperancia de los órganos de gobierno de la Comunidad. Si esa es la intención última, ¿no se es más operativo y contundente actuando desde dentro, interviniendo en los debates, colaborando en la redacción de normas?

¿Qué se quiere, una CE a la carta, a imagen y semejanza británica?, ¿Preservar la City como centro financiero mundial de referencia, obviando cualquier tipo de medidas correctoras? ¿Participar de las ventajas de un mercado muy lucrativo sin reparar en las obligaciones y deberes de Estado miembro?  Si el proceso de integración europeo siguiera avanzado a trancas y barrancas, ¿qué se teme?, ¿Perder las señas de identidad de una gran nación? ¿Tan frágiles son?  “Tenemos el carácter nacional de una isla: independientemente, apasionada en la defensa de nuestra soberanía”, expresa Cameron. 

Este es uno de los grandes temas de nuestro tiempo. Como conceder creciente peso decisorio a entidades supranacionales sin suprimir la autonomía y peculiaridad de cada país. Imposible avanzar en la construcción de algo grande que te transciende sin ceder ámbitos de decisión pensados para otro tiempo y circunstancia.

“Lucharé con mi corazón y con mi alma a favor de la Comunidad”, afirma Camerón, Si es así realmente,¿un líder visionario mete a su país en proceso tan delicado, o simplemente es una argucia para aislar a los tories más pueblerinos y ganar las elecciones? ¿Alcance de su decisión? ¿Aplacará los aires insulares de su ala más radical, o exacerbará los sentimientos más eurófobos? 


No le vendría mal leer el discurso de Wiston Churchill en la Conferencia de la Haya de 1948. “La ayuda mutua en el campo económico y las defensas militares conjuntas deben ir acompañadas por una política paralela de una unidad política más estrecha. Se dice con verdad que esto implica algún sacrificio y fusión de la soberanía nacional. Pero también es posible y no menos agradable contemplarlo como la asunción gradual por parte de todas las naciones implicadas de esa soberanía mayor que puede proteger sus diversas y distintivas costumbre y características”

Más tarde, en un discurso parlamentario en 1950, se reafirmó en el verdadero desafío. “El movimiento entero del mundo es hacia una interdependencia de las naciones. Sentimos a nuestro alrededor la creencia de que es nuestra mejor esperanza. Si la soberanía individual e independiente es sacrosanta e inviolable, ¿cómo es que estamos todos casados con una organización mundial?... Gran Bretaña es una parte integral de Europa, y tenemos la intención de interpretar nuestro papel en la recuperación de su prosperidad y grandeza”.

Monnet, DeGasperi, Adenauer, Churchill… una generación producto del drama europeo que no estaba para bromas ni para movimientos endogámicos. ¿Cómo sería Europa sin el Reino Unido? Una pena, una pérdida irreparable. ¿Y la orgullosa isla británica sin el continente europeo, se la imaginan? Si Cameron fuese un estadista jugaría sus cartas de otro modo, empezando por elegir mejor a sus compañeros de mesa.

Santiago Álvarez de Mon. Profesor de IESE.


2 comentarios:

  1. SENEKAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

    DEJA DE DESVIAR LA ATENSION Y HABLA DE MARRANO RAJAO

    DE ESE HIJODE PUTA K A ROBADO TANTISIMO DINERO

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  2. Joder mascota, que de eso hablan ya todos los medios de comunicación a todas horas... por eso no lo he hecho en profundidad yo aún, porque no aportaría novedad alguna.

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