11 marzo 2013

Los halcones de Europa no creen en la Unión Europea a través del crecimiento y el FMI vuelve a contradecirlos.


El Consejo Europeo que se celebra esta semana se presenta de lo más anodino a pesar de la debilidad de la economía comunitaria. Toda decisión de calado parece postergarse hasta que se celebren elecciones en Alemania. La canciller Angela Merkel ha mostrado su nula disposición a apoyar una política más expansiva. Su desafortunada metáfora de la nieve derretida al referirse a los infructuosos esfuerzos de los socios del sur de la UE para reducir sus déficits muestra hasta qué punto Europa carece de un mínimo común denominador en el terreno de la solidaridad. Esta llamada al "sálvese quien haga sus deberes, sin importar los resultados", ha calado incluso en el BCE. Tras la decidida y providencial intervención de Draghi en defensa del euro el pasado verano, las críticas a tan heterodoxa iniciativa parecen haber hecho mella en la institución. Que se haya descartado en su última reunión una reducción de los tipos de interés en un futuro previsible apunta a un intento de recuperar la credibilidad perdida entre los miembros más ortodoxos de la UE.

Sólo la Comisión Europea parece dispuesta a asumir un teórico propósito de enmienda, tras constatar que sólo con las recetas de austeridad no será suficiente para superar la crisis. El comisario económico Olli Rehn pidió recientemente un mayor esfuerzo de los socios que disponen de margen para ello, aunque también insistió en que las economías más vulnerables deben proseguir con los ajustes. Pero la asignatura pendiente del crecimiento sigue careciendo de una estrategia mínimamente definida. La agenda 2020 y el resto de iniciativas para impulsar la recuperación han pasado a mejor vida. Bruselas se escuda en la ausencia de recursos disponibles tras el recorte experimentado en las negociaciones con los Estados para los nuevos presupuestos comunitarios. Sin embargo, lo que Europa requiere es replantearse su fallida gobernanza económica, que, lejos de asegurar la convergencia, agudiza las asimetrías. Que en una zona monetaria supuestamente integrada afloren diferencias tan acentuadas en los costes de financiación constituye todo un reconocimiento de fracaso colectivo.


Mientras el BCE se mantiene en la indecisión, la Reserva Federal estadounidense y el Banco de Inglaterra prosiguen sus políticas expansivas para sostener el empleo. Es hora de que el Gobierno español se implique másen un cambio de rumbo económico en Europa, en cuyo favor se están multiplicando las voces, en lugar de perderse en enredos domésticos.

FMI: otro informe que no gustará a Rehn

Olli Rehn y los economistas del FMI mantienen un serio desacuerdo respecto a las políticas económicas practicadas en la zona euro.

Y el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha vuelto a echar leña al fuego publicando un informe que no va a gustar para nada a la Comisión Europea, y en especial a su comisario de Asuntos Económicos, Olli Rehn, que recientemente aseguró que el debate sobre los multiplicadores fiscales iniciado por el FMI estaba dañando la credibilidad de las políticas anticrisis de la Unión Europea pues cuestionaba seriamente sus resultados. Entonces, el propio economista jefe del FMI, Olivier Blanchard, confirmaba y constataba un estudio en el que se aseguraba que cada euro que se ajusta de una economía está teniendo un impacto negativo mayor en el crecimiento del que se creía inicialmente. Ahora, otros dos economistas de la institución aseguran –en una línea argumental similar– que las políticas de consolidación fiscal pueden aumentar la ratio de deuda / PIB a corto plazo. “No tener en cuenta los multiplicadores fiscales o subestimar su valor podría llevar a las autoridades a fijar objetivos de deuda ( y déficit) inalcanzables [...] lo que podría tener impacto en la credibilidad de los programas de ajuste”, asegura el informe, publicado el viernes. Solo un día antes, el presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, decía que los programas de ajuste son imprescindibles para reducir los niveles de deuda.


1 comentario:

  1. EN realidad, los halcones de europa no quieren la civilizacion occidental

    Se trata de eso

    Al menos la faccion Alemana no la desea para el resto de los paises

    Pero los alemanes son solo un instrumento en manos de los verdaderos halcones Tambien se les aplicara a ellos

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