14 marzo 2013

Productividad sí pero no a costa de los de siempre.



La llamada de la patronal CEOE a los empresarios para que se moderen o se frenen las subidas salariales previstas para este año resulta comprensible. Ante la imposibilidad de realizar devaluaciones de la moneda como se hacía en otras épocas, el único ajuste viable para aumentar la competitividad de la economía española debe ser a través de los costes laborales. Sobretodo ahora que, vista la atonía de la demanda interna, el mercado exterior se configura como el camino necesario para mejorar la facturación. Desde la patronal incluso reclaman que los salarios crezcan por debajo de la productividad mientras el paro se mantenga en los disparatados niveles actuales (26% de la población activa), en parte también debido al engañoso efecto que sobre la productividad tiene la fuerte destrucción de empleo.


No obstante, los costes laborales que deben abonar las empresas españolas son los sextos más elevados del mundo, ya que suponen el 33,47% del salario bruto para un nivel medio de 23.000 euros anuales, sólo superados por los de Brasil, Italia o Francia, y muy lejos de la media europea (26,95%). Una carga fiscal que en el caso español se va reduciendo conforme mayores son los salarios. Esa penalización fiscal a las rentas más bajas supone un freno evidente para la creación de nuevos puestos de trabajo, sobre todo por parte de las pymes.


Este embudo del mercado laboral no sólo preocupa en España, sino también en Europa. De ahí que los socios comunitarios prevean incluir entre las recomendaciones finales del Consejo Europeo que empieza hoy una instancia al Gobierno español para que rebaje la carga fiscal al empleo (tanto el IRPFcomo las cotizaciones sociales). Una medida que supondría dar marcha atrás a la subida “excepcional y temporal” del Impuesto sobre la Renta que aprobó el Ejecutivo de Mariano Rajoy nada más llegar a La Moncloa, aunque seguramente, como ya ha dejado entrever la Comisión Europea, se exigiría a cambio recortar el número de productos que soportan un tipo de IVA reducido. Sin embargo, no debe descuidarse el impacto de estas posibles medidas sobre la inflación, que pese a la depresión del consumo volvió a incrementarse hasta el 2,8% en febrero.

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