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jueves, 30 de mayo de 2013

El gen diferencial del innovador/emprendedor. S. Álvarez de Mon.


Independientemente de los defectos de la ley que se propone, es loable el intento del Gobierno de mejorar las condiciones económicas, jurídicas y fiscales para que en España haya más personas decididas a montar por su cuenta y riesgo su propio negocio. De la necesidad, virtud. La crisis puede ser aliada dura, improvisada e involuntaria para armarse de valor y dar un paso al frente. Sin embargo, celebrado el intento, mientras no se modifique el ecosistema de este país, mientras no se cree un clima cultural y psicológico propicio al gen emprendedor, a su espíritu e instinto más animal, éste no florecerá robusto y desafiante. Pensando en cualquier estudiante o profesional que aspire a innovar o crear algo nuevo, es absolutamente prioritario revisar nuestra relación con el error, a menuda conflictiva, antagónica, casi alérgica. Siendo falibles y limitados por naturaleza, no se explica encono tan profundo y estructural. Johan W. Goethe, el príncipe de las letras alemanas, escudriña con la magia de su pluma en una herida abierta e incisiva. “Es tan cierto como prodigioso que verdad y error manan de una misma fuente, por lo cual no se debe con frecuencia hacer daño al error, ya que al mismo tiempo se le hace a la verdad”. A la verdad, y a nuestro inmenso talento y potencial. Errar, aprender y emprender son trillizos inseparables. Si el primero se retira o reprime acomplejado y cabizbajo por culpa de una sutil reprimenda o factura social, los otros dos se resienten.

Johan W. Goethe

Prosigue Goethe: “ Somos todos tan limitados que siempre creemos tener razón, y así cabe imaginar un espíritu tan extraordinario que no solo yerre sino que además halle placer en el error”. ¿Placer?, Goethe se ha pasado tres pueblos. Todos, jefes, subordinados, clientes, socios, amigos, familiares, hasta uno mismo, esperan acertar y triunfar a la primera. Esta exigencia e impaciencia genera un estado de tensión contraproducente. “Los yerros del hombre son los que verdaderamente le hacen amable”. Amable, creíble, sincero, vulnerable, auténtico, humilde… sin la visita del error seríamos insoportablemente fatuos y estirados. Nuestras equivocaciones no sólo nos blindan moralmente de caer en la autosuficiencia y vanidad, sino que nos catapultan a iniciar nuevos proyectos e investigaciones.

Benjamín Zander

En este sentido, las bases educativas de un país emprendedor e innovador son decisivas. Releo con gozo la carta que una discípula dirige a Benjamín Zander, director de la Filarmónica de Boston y profesor de música. “Queridísimo Profesor. En su clase me he convertido en una nueva persona. Antes solía ser muy negativa con casi todo. Ahora soy mucho más feliz. Hace un año no era capaz de aceptar mis propios errores. Después de un fallo, me culpaba a mí misma. Ahora me divierto y aprendo con mis equivocaciones. Con esta actitud, he conseguido que mis interpretaciones sean mucho más profundas. Antes sólo tocaba notas, ahora cada pieza cobra un significado. ¡Puedo tocar con mucha más imaginación! He descubierto mi valía”. Alumbrar el encuentro del alumno con su don natural, con su misterio y aventura, es la razón de ser de los maestros, y Zander lo es. Es literalmente imposible ese descubrimiento sin hacer las paces con el error. Es un tropiezo, un bache, un sobresalto, que bien digerido permite dar un valiosísimo salto cualitativo. Otra misiva estudiantil. “Querido Señor Zander. En su curso saqué sobresaliente porque tuve el coraje de afrontar mis miedos. Me di cuenta que no tenían sentido en mi vida. He cambiado. De ser una persona que vivía pendiente de la opinión ajena, aterrada por cometer un fallo y que otros lo vieran, me he convertido en alguien que tiene una contribución que hacer a los demás –musical y personalmente –. He entendido que intentar algo y conseguirlo son sinónimos cuando uno mismo lleva la batuta”. ¿Por qué el error es capaz de provocar tales sarpullidos? ¿Por qué nos desequilibra y daña tanto? Poco familiarizados con él, escasamente entrenado en la edad que somos pura esponja, con el paso del tiempo a él se adhieren emociones negativas, sentimientos, bloqueos mentales y estados de ánimo con tufillo a fracaso. El miedo a fallar nos hace fallar, y una vez en las garras del fantasma, lo estigmatizamos, cuestionando nuestra autoestima.


La adrenalina diferencial del espíritu emprendedor es que acepta el error como compañero natural de viaje. A su lado, aprendiendo de sus enseñanzas, evitando caer en la repetición irresponsable, los límites de superación y creatividad saltan en añicos. A la letra de la ley se suma el espíritu que la anima.

Santiago Álvarez de Mon, Profesor de IESE.


1 comentario:

  1. Hace mucho que ya se conocen los mecanismos para educar el Genio

    Por ejemplo Boris Sidis y su "Philistine and Genius" algo tan manido que !hasta está en la wiki! http://en.wikisource.org/wiki/Philistine_and_Genius y tambien en http://archive.org/details/geniusphilistine00sidirich

    Su mejor ejemplo la educacion de su propio hijo William James Sidis

    Mas cerca de nosotros la serie de libros tipo " enseñe a leer a su Bebe" profundiza en esa direccion señalando, de paso, una base neurologica

    Todo eso se sabe, y desde hace mucho.

    ¿Porque los politicos y los educadores establecidos piensan como Piaget que el niño es bobo de nacimiento?

    Mucho me temo que la Educacion, o lo que nos venden como tal,esta dirigida a lo contrario : " a crear imbeciles, de serie".

    Nadie y menos que nadie la clase dirigente, desea un abundante suministro de Genios de fuera de sus propios circulos.

    No se me ocurre ninguna otra explicacion "logica" y si que recuerdo muchos otros ejemplos que la avalan: http://www.laverdad.es/albacete/prensa/20070206/provincia_albacete/rindes-mejora-autoestima-como_20070206.html ( En esta entevista lease la relacion de este señor con sus "Politicos")

    etc.etc.etc.

    Vale




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