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lunes, 22 de julio de 2013

Los primeros síntomas del tsunami Bárcenas comienzan a aflorar.


 Restituir la deteriorada imagen de la clase política después de los numerosos casos de corrupción que han salido a la luz en los últimos años es una de las tareas más relevantes que afronta la sociedad española en su conjunto. La constatación de que muchos de los controles preventivos han fallado estrepitosamente y de que la labor de los órganos fiscalizadores ha sido excesivamente lenta debería llevar a revisar a fondo estos mecanismos en aras de dotarlos de mayor agilidad y eficiencia.


Aunque más de 300 políticos están imputados en el millar y medio de procesos judiciales abiertos a día de hoy, muchos de estos procesamientos se deben a delaciones o investigaciones que se han iniciado con mucha posterioridad a cuando sucedieron los hechos, lo que limita enormemente el margen de actuación de la Justicia.


De ahí que resulte acertado el plan que ultima el Gobierno para implementar controles preventivos a los movimientos financieros de los principales cargos públicos, unas 350.000 personas, lo que, según los promotores de la norma, habría permitido detectar a tiempo y cortar de raíz algunos de los casos más graves que copan la actualidad informativa. Eso sí, estas actuaciones deberán estar bien delimitadas para evitar cualquier sospecha de parcialidad y dar credibilidad a este sistema de control.


La creciente desconfianza de la ciudadanía hacia sus representantes políticos ha llegado a niveles históricos en esta crisis, extendiéndola a la dimensión institucional; un descrédito del que no se libra casi ninguna de las instituciones del Estado. La única receta posible para revertir esta situación es una mayor transparencia y ejemplaridad de la clase dirigente a todos los niveles. Algo que no se logrará únicamente con nuevas leyes –aunque la Ley de Transparencia, en trámite parlamentario, será determinante para el futuro–, sino mediante un cambio completo de mentalidad en la clase política para volver a la esencia del servicio público: vocacional y desinteresado; puesto que si dañino ha sido el comportamiento de los corruptos que han aflorado en casi todos los partidos políticos, aún más la indolencia de sus dirigentes para atajar y purgar esas conductas irregulares, el oscurantismo sobre la financiación de las grandes formaciones y el uso irresponsable de los escándalos ajenos como arma arrojadiza en el debate político, lo que ha contribuido a extender la impresión de que todo el sistema está corrupto.


Esta semana os prometo un amplio artículo sobre las nuevas medidas anunciadas por De Guindos dada la importancia informativa que ha adquirido el tema de la corrupción entre la ciudadanía.

1 comentario:

  1. Francamente no creo que se haga nada útil contra la corrupcion

    Nadie está por la labor.

    No hay leyes, ni mecanismos, ni ganas de hacer nada

    Les va bien ¿como van a legislar en contra de hacerse ricos?

    Eso si, la corrupción solo sale a la luz cuando conviene a alguien

    A Felipe Gonzalez le sacaron sus corruptelas solo cuando habia que sacarle del poder para que no se eternizara Antes NO

    Lo de Barcenas ¿? no se quien ganara algo con esta partida pero va contra Rajoy ( Me refiero a soltar la traca ahora) Lo que he oido es que el interés es presionar a Rajoy porque como va de Gallego con Europa y dice que si hace, pero en realidad hace menos de lo que en la UE le dicen que haga ... pues eso que le presionan para que salte cuendo le digan o para quitarle y poner a otro mas dócil

    Todo es posible porque nadie se puede creer que en todos y cada uno de los partidos no exista una Barcenas millonarisimo. Hoy se lo sacan al PP mañana al PSOE o a IU siempre, cuando a alguien le venga bien , antes NO

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