14 octubre 2013

Urge un plan nacional para la industria con medidas eficaces y no brindis al sol.


 El proceso de desindustrialización de la economía española, iniciado hace décadas, ha adquirido un ritmo dramático en el último lustro, debido a la grave recesión económica, que en España se ha dejado sentir con mayor intensidad que en otros países europeos. Por eso, esta semana la Comisión Europea dio la voz de alarma sobre el desmantelamiento acelerado de una parte fundamental del tejido productivo, sin cuya contribución será mucho más difícil que tome forma la anhelada recuperación del mercado de trabajo. No obstante, por primera vez en la historia reciente ya hay más trabajadores en el sector turístico que en el conjunto de la industria, lo que no sólo habla de la pujanza adquirida por las empresas turísticas sino, fundamentalmente, de la demoledora pérdida de puestos de trabajo en las actividades industriales, donde el volumen actual de trabajadores es un 30% inferior al de 2008. La ausencia de una política industrial coherente y las apuestas infructuosas por el coche eléctrico o las energías renovables han acelerado el deterioro.


¿Está España a tiempo de revertir esta tendencia? Así lo creen en Bruselas, que ha solicitado al Gobierno medidas urgentes para reindustrializar a la economía española. No debe olvidarse que parte de la actividad del preponderante sector servicios depende de la existencia de suficientes compañías industriales a las que prestar su asistencia. Aunque en buena lógica la evolución de la economía tienda hacia un mayor peso de las actividades terciarias, los expertos advierten que sin el necesario equilibrio entre todos los distintos sectores la salida de la crisis será desequilibrada y, por tanto, inestable. Es precisamente la estabilidad en el empleo creado por la industria uno de los elementos por los que tanto los economistas como las autoridades europeas instan al Ejecutivo a redoblar los esfuerzos para recuperar la actividad industrial en España. No hay más que ver los compromisos de inversión a largo plazo en sus fábricas españolas anunciados de forma reciente por varios fabricantes internacionales de automóviles para certificarlo.

Pica para ampliar.

Pero conseguir que los inversores vuelvan a apostar por otras industrias requiere de medidas como abaratar los costes energéticos a las empresas, las tasas a la exportación y las cotizaciones sociales, entre otras, sin olvidar reformas que tardarán más en dar resultados, como la mejora de la formación y de los procesos organizativos, pero que son igualmente importantes para garantizar la competitividad de la economía española.


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