08 diciembre 2013

Obama sacude a Merkel... y a China y Japón de rebote. El más tramposo marca las normas.


 La tensión entre EEUU y Europa por el escándalo de espionaje parece haber levantado la veda para el fuego cruzado entre Berlín y Washington. El Gobierno de Obama criticó la semana pasada abiertamente las políticas económicas germanas, al señalar que su modelo de crecimiento es responsable de la atonía de las economías del euro, perjudicando a la actividad mundial.

“El anémico ritmo de la demanda interna y la dependencia de las exportaciones han obstaculizado la vuelta a la estabilidad en un momento en el que muchos otros países del euro han estado bajo fuerte presión para contener la demanda y comprimir las importaciones”, asegura el Tesoro norteamericano en su informe semestral sobre divisas. “El resultado ha sido un sesgo deflacionista” con impacto global, remata, recordando que el superávit comercial germano superó al chino en 2012.


Es muy inusual que EEUU utilice este documento para tratar asuntos de política económica. Tradicionalmente, emplea el informe para asegurarse de que ninguno de sus socios comerciales aprovecha sus monedas para obtener ventajas competitivas en el sector exterior. La atención suele centrarse en China.

Pero más extraño es aún que utilice el informe para criticar a Alemania, pues el ataque supone un cambio respecto a las habituales relaciones de Obama con la canciller Angela Merkel. Desde las primeras etapas de la crisis del euro en 2010, la Administración norteamericana ha sido muy cuidadosa en sus declaraciones públicas, intentando así no dañar a la ya de por sí débil área monetaria. La Casa Blanca ha evitado en todo momento un enfrentamiento con Berlín a la luz de los micrófonos, tratando de influir en el Ejecutivo germano sólo por vías privadas.

Temores


Ese trato diplomático no ha evitado que sea vox populi la queja de Obama hacia los países con superávit comercial, a los que pide que impulsen la demanda interna. En este contexto, ya había denunciado en privado el modelo económico de Alemania, pues quiere asegurarse de que Europa no dependa demasiado de las exportaciones.

Detrás de ese interés hay dos motivos. De un lado, EEUU es escéptico sobre el triunfalismo acerca de la salida de la crisis de la eurozona. Teme un nuevo brote de recesión que se contagie al resto del mundo. De otro lado, el miedo del Tesoro es que un euro más fuerte –ha subido un 4% este año gracias a la mejora de la confianza inversora y a las políticas de la Fed que debilitan al dólar– produzca distorsiones en la economía global a largo plazo. Aunque su descontento tiene trampa: los responsables estadounidenses suelen declararse a favor de un dólar fuerte pero no hacen nada para parar su erosión, que contribuye a estimular las exportaciones norteamericanas.

China y Japón

Pero Alemania no es el único objetivo de críticas de EEUU, que también se refiere en el informe a China y Japón. Así, ataca a las tres grandes economías del mundo capaces de hacerle sombra en plena crisis fiscal dentro de sus fronteras. Washington busca ahora un acuerdo a largo plazo que resuelva sus problemas de deuda, pues lleva dos años con soluciones provisionales que ya han puesto al país al borde de la quiebra, perjudicando a la actividad global.


En concreto, el informe reconoce que China ha permitido en los últimos tiempos una cierta apreciación del yuan, aunque considera que este proceso no se ha llevado a cabo tan rápido como hubiera sido necesario. “La apreciación del yuan no sólo es buena para la economía de EEUU, sino también para la de China y las economías de Asia y el resto del mundo”, señala.

Evita el Tesoro Americano en todo momento acusar a nadie de manipular la divisas. Si lo hiciera, la ley le obligaría a abrir negociaciones con el país en cuestión para ajustar la tasa de cambio.


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