05 mayo 2014

La mejoría evidente en competitividad es el salvavidas del mundo empresarial español.


 La mejora de la competitividad de las empresas españolas es una de las causas fundamentales del fuerte crecimiento de las exportaciones en los últimos años, que a su vez se ha convertido en palanca de la recuperación de la economía española. Un ejercicio combinado de aumento de productividad, reducción de los costes y adaptación a la nueva coyuntura que se ha plasmado en que dos de cada tres compañías que trabajan en España hayan logrado mejorar su competitividad en mitad de la crisis más grave de nuestra historia reciente. La encuesta a grandes directivos empresariales elaborada por la Asociación Española de Directivos (AED) lo corrobora. Para ello, la mayoría ha debido llevar a cabo una profunda reorganización de sus organizaciones (un 81% de los encuestados), lo que ha afectado tanto a sus procesos de producción como al organigrama, la cartera de productos o servicios, la gestión de clientes y financiera, y las estrategias comerciales.


La capacidad de adaptación de las empresas españolas explica también los éxitos cosechados en la salida al exterior, un paso natural para diversificar riesgos que la recesión convirtió casi en obligatorio. Y es que el impacto de la crisis en los balances de las empresas españolas aún es relevante (el 72% de los consultados así lo afirma), especialmente en sectores como la construcción o la comunicación audiovisual. Es por eso que la refinanciación de la deuda o la reubicación de las plantas de producción son algunos de los remedios más usados por las compañías nacionales para sortear el escenario recesivo. Junto a ello, la internacionalización ha contribuido de forma sensible a que un 28% de las empresas haya logrado aumentar su facturación, lo que, en consecuencia, ha permitido a estas compañías incrementar sus inversiones e, incluso, contratar más trabajadores para satisfacer esa mayor demanda procedente del extranjero. De ahí que los directivos encuestados por la AED prevean un reforzamiento en los próximos años de las estrategias de diversificación geográfica y de la cartera de productos y servicios.


De entre las lecciones que cabe extraer de la recesión, las empresas parecen haber asimilado que la adaptación al entorno debe ser un proceso en permanente revisión, que exige agilidad en la toma de decisiones y en su aplicación. Por eso, un 83% de los directivos anticipa que sus compañías seguirán inmersas durante los próximos años en una evolución constante. Adaptarse o morir es más que nunca un principio rector insalvable.


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