jueves, 8 de mayo de 2014

Rajoy busca el apoyo de los empresarios para frenar el independentismo.


El llamamiento del presidente del Gobierno a los grandes empresarios congregados ayer en La Moncloa para que se impliquen en la defensa del orden constitucional frente al órdago secesionista planteado por el nacionalismo catalán pone de relieve el papel que debe desempeñar la sociedad civil en un asunto de tanta relevancia. La amenaza de una consulta sobre la independencia de Cataluña no sólo implicaría romper de forma dramática el pacto de convivencia alcanzado hace tres décadas por todos los españoles y estampado en la Constitución de 1978, sino que supondría un ataque a la línea de flotación de la economía catalana y, por ende, de toda España.


Tanto es así que Rajoy alertó ayer a los primeros espadas de las grandes empresas españolas que, de triunfar el independentismo, se pondría en peligro la recuperación económica en curso. Un riesgo inadmisible después de los grandes sacrificios que han debido asumir todos los españoles para comenzar a superar la recesión más grave de la historia reciente de España. De ahí que no sólo los principales empresarios, sino toda la sociedad española, y la catalana en particular, no puedan mirar hacia otro lado ante el desafío irresponsable liderado por el presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas. Y es que tanto él como sus socios de aventura secesionista se niegan a aceptar las repercusiones catastróficas que tendría una posible declaración unilateral de independencia por parte de Cataluña, por más que diversas instituciones internacionales hayan alertado de forma reiterada del colapso económico y del aislamiento político que se produciría de forma automática. Una calamidad a la que no sería inmune el resto de España. Parece lógico, por ello, que el presidente del Gobierno haya escogido precisamente un foro como el Consejo Empresarial para la Competitividad, que atisbó anticipadamente la recuperación y que tuvo un papel relevante en la mejora de la marca España mediante un road show por las principales plazas financieras, para recalcar la amenaza potencial que supondría no frenar al independentismo.


A pesar del rechazo mayoritario del Congreso de los Diputados a la celebración de la consulta y la anulación por el Tribunal Constitucional de la declaración soberanista del Parlamento catalán, el nacionalismo se resiste a ningún diálogo que no incluya un referéndum de independencia. Pero ni el Gobierno ni la sociedad española pueden ser rehenes ni amilanarse ante la deriva insensata de Mas y sus socios.


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