25 enero 2018

Magic Johnson da una asistencia a Karl Malone

Perdonen ustedes si esta columna no está repleta de ditirambos sobre el espectáculo televisado del domingo, el «All Star Game» de Charlotte (¿«charlottada»?) en el que el equipo con tres grandes jugadores -Charles Barkley, Michael Jordan, Patrick Ewing- derrotó a un equipo que carecía de hombres del mismo calibre. El domingo había un gran partido en Estados Unidos, pero no era ése. Lo que sucede con este partido Este-Oeste es que es una lata de buenas sardinas, y eso es un excelente manjar, pero no es el bogavante que pretende ser. Por seguir con los símiles gastronómicos, la admiración boquiabierta ante el «All Star Game» recuerda a esos españoles que llegan a París y se gastan los cuartos en Maxim's porque creen que sigue siendo un gran restaurante, cuando no es ya más que un local para turistas japoneses (y españoles, claro).

El partido Este-Oeste es una diversión, una muestra de toreo de salón que permite ver a Magic Johnson dar una asistencia a Karl Malone, cosa que quizá nunca se pueda ver en ningún otro momento o lugar. Pero nada más. El deporte necesita del elemento competitivo para alcanzar todo su significado. Alguna vez, muy pocas, un virus competitivo ha recorrido las plantillas de un Este-Oeste y ha producido un choque vibrante de principio a final. Pese a su tanteo apretado, el del domingo sólo ha producido tres cuartos de fallos tremendos(«el balón está muy duro», decía, compasivo, Ramón Trecet) y un último cuarto con un poquito más de tensión. Hombre, tres entradas a canasta de Jordan fueron de cortar la respiración, y hay que ver a Barkley pescar 22 rebotes contra los mejores gigantes de este deporte para creerlo. Sólo con esos detalles, o con la buena presentación en sociedad de un Hersey Hawkins, de un Tim Hardaway, el aficionado lo pasa bien. No hay que rechazar ni el partido ni los demás eventos del fin de semana: Dee Brown y su 1,82 matando de lo lindo, Craig Hodges anotando ¡19 triples! consecutivos...


Sencillamente, hay que colocarlo en la justa perspectiva, la de unos «bolos» glorificados. El partido que tenía a toda América en vilo era, naturalmente, el choque ArkansasNevada Las Vegas, los dos mejores equipos universitarios. Aquí se jugaba un trozo de ventaja psicológica decisiva ante los próximos «playoffs», y además el equipo del discutido Jerry Tarkanian tenía -en campo ajeno- que justificar su fama, que está alcanzando niveles míticos. ¿Cómo de míticos? Gary Colson, entrenador de Fresno State, recién vapuleado por UNLV, asegura: «Este es sin duda el mejor equipo de baloncesto jamás reunido en el deporte universitario». Sí: según Colson, mejor que los equipos de UCLA con Lew Alcindor y Bill Walton. Son palabras mayores. Pero un equipo que gana por 30 puntos la final universitaria de 1990 y vuelve la temporada siguiente con sus mejores hombres bien puede valer tanto.

El caso es que el choque contra Arkansas, el excelente conjunto de Todd Day y Lee Mayberry, fue de ésos que recuerdan que el baloncesto universitario es la antesala de la NBA, y el tanteo final (105112 para los actuales campeones) no es más que una confirmación. El partido fue fantástico, dominado por Larry Johnson, Stacey Augmon y Anderson Hunt. A ver cuando nos llega, aunque sea en vídeo...

Oído el domingo por televisión: «Bingenmeyer está completamente desconocido hoy». Y tanto. Como que se llama Bingenheimer . . . El caso es que Dan Bingenheimer/Bingenmeyer, denostado por «no hacer nada», logró contra el Joventut 20 puntos (eso sí, «con cuentagotas»), 12 rebotes, 2 tapones, 3 asistencias y 2 robos de balón. ¿Estaremos todos viendo el mismo partido? . . . Viendo a Toño Llorente sacar literalmente de la cancha a Ralla Jofresa, uno no podía evitar dos ,recuerdos: el de la postura obscena -no merece otro calificativo- de Ramón Mendoza y de su «entourage» negándose a ficharle . - igratis, si hubiesen querido!- para reforzar a su destrozado equipo en los pasados «playoffs», y la postura ridícula del propio Real Madrid de Wayne Brabender negándose, antes de esta temporada, a considerar a Llorente como fichaje para apoyar a su hermano José Luis -hubiese sido el suplente ideal, y quedándose con ocho fichas «senior» y a expensas de que Joe se rompa. Cerrazones, politiquerías, miserias que nada tienen que ver con el deporte.

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