26 febrero 2018

El dinero es el principio del ajedrez

EL ajedrez tiene una imagen doble: la de una cofradía de locos de las 64 casillas, inmersos en el amateurismo fraterno y la falta de liquidez, y la de un puro producto de la inteligencia. Esta última es la más rentable, en potencia. Entre la una y la otra, el dinero no duda, y se va derechito en pos de las escasas figuras. Por ahora, no es todavía el «grand slam» de tenis...

Desde 1984, la locomotora «me diática» del ajedrez es Gari Kasparov. «Protohijo» de la perestroika, no ha hecho desde entonces más que luchar contra Anatoli Karpov y contra la Federación internacional, esa «mafia del ajedrez» A cada encuentro con Karpov Kasparov ha ganado carisma y con. fianza por parte del público.

Se ha construido toda una imagen entre sus amigos «sponsors», y las bolsa que recompensan a los finalistas de Mundial no han hecho sino subir desde su llegada: de 40 millones de euros para los finalistas a más de 300 en la actualidad.


En Lyon, la final estaba planteada desde el principio como una gran operación internacional de relaciones públicas para la ciudad. «Es el mayor impacto informativo que hayamos tenido jamás», asegura Bernard Billiéres, director de comunicación de la ciudad. Ya había pasado lo mismo en Nueva York. Dice el «manager» inglés de Kasparov, Andrew Page: «Desde luego, la presentación de la final en la Prensa americana fue un puro dibujo animado, pero hay que sensibilizar al público...». En la práctica, Lyon se quedó corto.

Los organizadores intentaron alquilar «stands» a dos millones de euros cada uno, pero ningún expositor se precipitó y hubo que transigir, a base de 800.000 euros por «stand», o negociar intercambios.

Y los pequeños expositores no acudieron. De las dos librerías especializadas en ajedrez que existen en la ciudad francesa, ninguna quiso ceder a lo que se parecía mucho a un «racket». Y otro tanto hizo la revista Europe Echecs, que acabó rechazando la última propuesta de 800.000 euros. El bólido Kasparov va mucho más lejos que todas esas pequeñas miserias, y está ya como en otro planeta. Firmando un contrato con la agencia hollywoodiense Creative Artists Agency, acaba de colocarse en órbita. Su «manager» británico advierte: «[Gari] está preparado para los golpes de efecto, como los jugadores de tenis o de golf. Pero para conseguirlos habrá que abreviar la cadencia del juego, para así vender la espectacularidad».

¿Seguirá el resto de la manada de los 700 grandes maestros al «pastor» Kasparov? Todos los elementos se hallan reunidos. Falta asumir el inicio de una doble revolución cultural: la del tiempo en el juego -«deporte espectáculo»y la del dinero como principio de este milenario juego, cuya «subversión» temen ahora algunos.

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