Por derribo se liquida

El entrenador navarro maniató a las figuras madridistas con unos estrechos marcajes al hombre que asfixiaron a sus rivales. El sistema de «cada oveja con su pareja» funcionó no sólo por la concentración con la que actuaron todos los osasunistas, sino también por el estado anímico de unos madridistas que están para dejarlo todo y marcharse de vacaciones al Caribe junto a su presidente.

De Luis anuló a Butragueño, el único que tuvo las ideas un poco claras al principio del partido, en tanto que Castañeda «secó» a un Losada que sólo hace goles cuando inicia los encuentros como suplente. Pepín, un hombre salido del Rayo Vallecano, constituyó el complemento idóneo en su posición de libre. Larraínzar y Bustingorri taparon los carriles, donde Míchel y Villarroya no aparecieron en ninguna ocasión, Ibáñez colaboró en la desmitificación de Aragón y Martín trabajó a placer ante Hagi. El rumano volvió a quedar ridiculizado ante un público que no comprende cómo pudo costar cuatrocientos millones.

Sólo tres hombres quedaban para las labores de construcción. Suficiente cuando uno de ellos se llama Jan Urban y ofrece una auténtica exhibición. A más de un «ojeador» madridista debieron salirle los colores. Se fueron al este a buscar este año a Hagi y Spasic y es un polaco de Pamplona el que tiene que aparecer en el Bernabéu para humillar a la actual caricatura que es el equipo blanco. Urban comenzó su faena de aliño al rematar de cabeza un corner lanzado por Martín Domínguez. Era el primero de la tarde. Prosiguió con un gol conseguido merced a un tremendo disparo con la derecha desde más de veinte metros.


Ese tanto provocó los primeros aplausos de la mismísima afición madridista. En la segunda parte, un centro de Ciganda hacia el vértice izquierdo del área fue aprovechdo por el siete de Osasuna para batir a Buyo cuando iniciaba su salida. Y poco después, el propio Urrban dejaba sentados a dos contrarios y servía en bandeja de plata un balón al joven Larraínzar, que fusilaba el 0-4. No se quedó ahí el mejor jugador de la tarde. Otro centro de similares características tras nueva jugada personal, no fue aprovechado por Cholo, que estrelló el balón en el cuerpo de Buyo.

Que Osasuna hubiera repetido la hazaña de aquel Barcelona de Cruyff que ganó 0-5 en el Bernabéu hace dieciséis años ya habría sido de ciencia ficción. Urban, a quien todavía le queda año y medio de contrato con su actual equipo, contó con la inestimable colaboración de Ciganda como elemento más adelantado y de Martín Domíguez, un jugador deshechado por el Barcelona que se apoderó de toda la banda izquierda y hundió en la más absoluta de las miserias a Chendo.

Así, un equipo de ínfimo presupuesto cuya plantilla completa gana menos que alguna de las estrellas madridistas entró en la historia con un resultado que muy pocos podrán olvidar y que supone la puntilla definitiva para un Real que ya puede olvidarse del título de Liga. Este año, salvo milagro o fallecimiento de los jugadores del Barcelona y del Milan tendrá que conformarse con ese «glorioso» título que atiende al nombre de Supercopa.

La «demostración» madridista provocó la indignación de un público que tuvo que rendirse a la evidencia de la superioridad osasunista. A los diez minutos de la segunda parte ya comenzaron a desfilar aficionados indignados que no quería presenciar más goles del rival. Los que se quedaron prodigaron sus criticas con silbidos, especialmente dirigidos a Michel y Hagi. El palco se salvó de las críticas. Mendoza estaba de viaje. Para colmo, la única alegría de la tarde, el gol de la Real al Barcelona, apenas duró un minuto. El tiempo que tardó Beguiristain en igualar la contienda de Atocha. El fin de año no pudo ser más negro para la casa blanca.

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