23 febrero 2011

La desvergonzada "memoria histórica" de Zapatero y sus discípulos. Séneca

La cabra bética.

 El infantilismo de nuestro presidente de desgobierno no es algo nuevo que acabamos de descubrir; sus pueriles pensamientos forman parte ejecutante de la terrible estulticia con la que se ha desgobernado el país en los últimos años. Su enfermiza persecución andrófoba (Obama debería de decirle que es malo traerse los problemas de casa al trabajo) trajo a este país el singular Ministerio de la Desigualdad y a las famélicas miembras que han hecho de la convivencia entre hombre y mujer un encuentro imposible en nuestra nación. Su peculiar cacao mental a la hora de asimilar la historia de nuestro país, desde una sesgada óptica analfabeta y pueril, nos trajo la "Memoria histórica" tan particular de su sello y cuño que volvió a dividir un país reconciliado antes de su mandato. Sus quijotescos sueños de molinillos y paneles solares han encarecido la energía y empobrecido nuestra economía a la par... aunque ya lo han azotado y acholado  lo suficiente como para rectificar y volver por la senda primermundista de la energía nuclear; siete años han tenido que pasar, y convertirnos en el cuarto país con la energía más cara de toda Europa de paso, para que cayese en la cuenta de que nos estaba arruinando con sus candideces infantiles energéticas... ¿O le ha tenido que abrir los ojos su nuevo Maestro Jedai, el interplanetario Obama, al respecto?. En fin, os podría poner 1.000 ejemplos del personaje en cuestión pero sería labrar sobre lo labrado.



El caso es que me he llevado otra sorpresa (y van ya la temerata de ellas... este hombre nunca deja de sorprenderme) al comprobar que su estulticia pueril es contagiosa... y mucho. Hace unos días, con motivo del próximo treinta aniversario del golpe de Estado del 23-F, el boletín oficial socialista (léase "El País") publicaba las experiencias de personajes trascendentes de nuestra política de como vivieron particularmente aquella fecha histórica y me llamó la atención, a mí y a miles que como yo leyeron ese día el panfleto socialista, lo relatado por la Chacón y por el juez Garzón, dos productos estrellas de la factoría zapaterista.




 Si tuviese que repartir una palma o premio por lo leído... sin dudas se llevaría el mismo la miembra titular del ministerio de Defensa de nuestro Desgobierno; si jactarse de brindar con cava por la muerte de Franco con 4 añitos ya fue de traca, confesar que tuvo que esconder numerosos documentos comprometedores el día del golpe de Estado con 9 primaveras roza ya el paroxismo de esa idiota puerilidad tan contagiosa que os he descrito antes.


... Y no crean que queda muy atrás SuperGarzón. El juez caído en desgracia debe de haberse creído tanto su papel de super-héroe de cómic que, me da a mí, pronto fijará su residencia de recreo y descanso en una roca de hielo  perforada en el Ártico para poder abstraerse allí de sus innumerables compromisos para con la humanidad y de la criptonita pepera. Os dejo un artículo de José García Domínguez al respecto para que comprobéis que no exagero lo más mínimo.






 Dos Enigmas del 23-F. José García Domínguez.

Carme Chacón, mujer de memoria deslumbrante, relató en su día a La Vanguardia cómo celebró la muerte de Franco a lo grande. "Recuerdo con claridad el cava en casa", declararía doña Carme, acaso Carmencita por entonces, pues, nacida en 1971, acababa de cumplir cuatro años el día de autos. Y "conservo nítidos algunos recuerdos", ha vuelto a referir ahora a propósito de lo de Tejero. Así, según se infiere de su testimonio en El País, Chacón acarreaba una dilatada militancia antifascista en 1981. Prodigio notable si se repara en que tenía nueve años y aún no había hecho la comunión. Sea como fuere, al saber de la asonada se apresuró a "empaquetar libros y documentos que intuí comprometedores". Y es que en el piso de los Chacón, modesto matrimonio de inmigrantes en la villa de Espulgues de Llobregat, se almacenaban, al parecer, multitud de "documentos". De ahí que la futura Carme diera en hacer un gran paquete con todos ellos, quizá adornado con un lacito rojo y un cartel que advirtiese a los malos: "No abrir, contiene informes secretos". ¿Su destino? Un enigma.


Por su parte, a diez días escasos de la toma de posesión, un Garzón de veinticinco años "apenas había comenzado a examinar los miles de casos" acumulados en su primer juzgado. Sépase al respecto que en Valverde del Camino, noble poblado de la provincia de Huelva, había "miles de casos" esperando ser resueltos por nuestro héroe. "Guardé algunos papeles, principalmente aquellos que no tenían que ver con el juzgado", asegura fue su precaución primera tras ser informado de lo acontecido en Madrid. ¿También "papeles" confidenciales? ¿Tal vez planes de urgencia para orquestar una ofensiva progresista? ¿Los impresos de la quiniela? A saber. Acto seguido, "lo que hice fue agarrar unos prismáticos" a fin de detectar movimientos insurgentes en el cuartelillo de la Benemérita sito frente a su casa, ha revelado al periódico de Javier Cercas.

"Tengo que reconocer que no fueron anormales, ni sospechosos", tranquiliza ahí a sus lectores. Se ve que no hubo desplazamientos de tanques ni tráfico de helicópteros y baterías antiaéreas en el puesto de la Guardia Civil de Valverde del Camino a lo largo de aquella aciaga noche. Las fuerzas locales, con el cabo del puesto a la cabeza, estaban con el orden constitucional. No obstante, los lugareños, inquietos, decidieron huir en masa de sus hogares y buscar asilo en el apartamento de Garzón. "Los vecinos iban llegando para quedarse en nuestro piso al creer que con un juez de instrucción estarían más seguros". Mas cuántos fueron los refugiados. ¿Cien? ¿Quinientos? ¿Mil? ¿Todos los paisanos de la comarca salvo el cabo y los guardias que vigilaba Garzón con los prismáticos? Misterio. Otro. ¿Para cuándo toda la verdad? Queremos saber.

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