02 abril 2014

... Y Draghi mañana debe de coger de nuevo el fusil.


 La recuperación de la economía española ya no admite dudas. Tanto así que cada vez más voces apuntan a un crecimiento del PIB durante este mismo ejercicio mucho más intenso de lo previsto hace sólo unos meses. Las buenas cifras de arranque de año y la mejora de las expectativas ya llevó la semana pasada al Banco de España a sumarse a la corriente optimista y elevar sus estimaciones para 2014 hasta el 1,2%. Y ayer el Gobierno hizo lo propio, dando por hecho que el PIB nacional podría crecer al final de este mismo año incluso hasta el 1,5% (frente al descenso del 1,2% con que finalizó el año pasado), lo que significaría que la economía española habría logrado dar un vuelco completo, equivalente a 2,7 puntos de PIB, en un tiempo récord de sólo doce meses.


Este horizonte debe ser un acicate para aumentar el ritmo de las reformas pendientes, imprescindibles para que España logre aproximarse a su “crecimiento medio potencial”, que De Guindos situó incluso por encima de ese nivel del 1,5%. Aún más crucial será que estos signos positivos macroeconómicos se trasladen al empleo y la inversión empresarial, y eso exige una nueva vuelta de tuerca a la reforma laboral que incremente los incentivos a la generación de nuevos puestos de trabajo, concretar la ambiciosa reestructuración tributaria propuesta por los expertos y mejorar de forma sensible la financiación empresarial.


La mejora de las cifras macroeconómicas no esconde la existencia de riesgos ciertos: el posible impacto sobre las exportaciones –el principal motor de la recuperación española– de la esperada ralentización de los mercados emergentes y la amenaza remota de que la zona euro entre en deflación. Este último escenario parece el más cercano, toda vez que en marzo los precios sólo avanzaron medio punto en el seno de la Unión Monetaria y en España se redujeron dos décimas. Los gobiernos europeos confían en que el BCE salga de nuevo en su auxilio para evitar un escenario que, esta vez sí, estaría obligado a conjurar por imperativo legal. Entre sus miembros persiste la creencia de que aprobar nuevas medidas excepcionales ya desincentivaría a los ejecutivos europeos para seguir cumpliendo con la agenda de reformas pendientes y la senda del déficit presupuestario, aunque también crecen las voces en sentido opuesto. La reunión del consejo del BCE que se celebra mañana determinará por qué opción se decanta el organismo que preside Mario Draghi.


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