La venta de ordenadores va en aumento

Digital, IBM, Nixdorf, Amstrad... Hace pocos años, la sola mención de algunos de estos nombres era sinónimo de poderío. Era lo mismo que decir futuro, nuevas tecnologías, crecimiento, beneficios y brillantez. La mayor parte de las empresas informáticas de todo el mundo ha ido cosechando éxito tras éxito a lo largo de su carrera. Pero 1989 será recordado por muchas de ellas como el año en que el negocio hizo «puf». La alemana Nixdorf, por ejemplo, inauguró la ola de malas noticias, al anunciar en febrero de 1989 que sólo había recogido 26 millones de marcos de beneficios. Bastante poco si se tiene en cuenta que sus ventas mundiales sobrepasaban los 5.340 millones de marcos - aproximadamente 331.000 millones de pesetas. 

Digital se sumó a esta triste espectáculo al afirmar que en 1988 sus ventas habían caído casi el 30%. La duda de los analistas era si todo esto tenía un origen ocasional o, en cambio, era una tendencia. Las informaciones trimestrales de las empresas informáticas a lo largo de 1989 han demostrado que las malas noticias tenían una base sólida. IBM anunció hace pocas semanas que sus beneficios en el tercer trimestre cayeron el 30%.

Amstrad no sólo gana menos sino que ha anunciado que cerrará todo su negocio audiovisual, Digital Equipment sufrió una caída de los beneficios del 33% en el trimestre que terminó el pasado septiembre. Rod Canion, presidente de Compaq, afirmó que en octubre habían vendido un 10% menos de lo previsto «lo que nos empuja a creer que este año caerán los beneficios». Casi de inmediato, la acción perdió el 16% de su valor en Wall Street. Esta tormenta eléctrica también se ha cernido sobre Motorola, cuyo negocio es el de fabricar semiconductores y teléfonos. La compañía americana afirma que los teléfonos le reportan beneficios. Sin embargo, la microelectrónica -piedra angular de la informática- le ha causado fuertes dolores de cabeza. 


En el segundo trimestre de este año, la compañía ganó 214 millones de dólares, pero en el tercer trimestre, los beneficios sólo fueron de 43 millones de dólares. Las empresas afectadas por este virus están buscando desesperadamente soluciones para detener la caída de sus acciones en el mercado de valores. IBM compró parte de las suyas por 1.000 millones de dólares, cuando el valor pasó de 130 dólares a 101 dólares, después del «minicrack» del viernes 13 de octubre pasado. Alan Sugar, presidente de la británica Amstrad, ha llegado a amenazar con retirar a su empresa de la Bolsa de Londres si el valor sigue cayendo. Ante los malos resultados, los inversores han castigado a Sugar haciendo resbalar su valor de 234 peniques a 52 peniques en un año. 

El origen de la tormenta se puede resumir en una frase de Fernando de Asúa, presidente de IBM España:, «Fabricar ordenadores hoy es muy fácil». Cuando IBM lanzó el ordenador personal en 1982, pensó que era un instrumento útil para algunos profesionales. Apple fue más lejos. Demostró que los universitarios, las amas de casa y hasta los niños, podían entenderse con un ordenador. Hoy, Apple es una de las pocas compañías que siguen ampliando trimestralmente sus beneficios. Junto con Apple, estaban surgiendo nuevos y dinámicos fabricantes de ordenadores que compraban «chips» en Japón, los ensamblaban en Taiwán y los vendían en Europa o en América. Las empresas pequeñas como Apple, que había nacido en un garaje, comprendieron rápidamente que su supervivencia consistía en concentrarse en la fabricación de un modelo concreto de ordenador. John Sculley, presidente de Apple, afirmó hace poco que los beneficios de este año crecerán el 18% y las ventas el 30%, «y nuestra rentabilidad continuará el año que viene». 

La norteamericana Compaq también ha sabido buscarse un hueco dirigiendo sus esfuerzos hacia el mercado de las estaciones de trabajo o «workstations», ordenadores pequeños de gran potencia. La japonesa Toshiba se concentró en el segmento de los ordenadores portátiles. En la misma medida que aparecían nuevos fabricantes, iban cayendo los precios de los ordenadores. El viejo apotegma de «bueno, bonito y barato», también se empleaba para vender chips. El primer efecto de tanta concurrencia se reflejó en la estructura financiera de las grandes empresas. Para lanzar un nuevo ordenador es necesario mantener un costoso equipo de investigadores. Primer inconveniente: los modelos que antes duraban 5 años, hoy quedan viejos en un par de años... o menos. Segundo inconveniente: los japoneses eran capaces de copiar esos modelos a la velocidad del rayo y, además, con mínimos costes. ¿Valía la pena invertir tanto en investigación y desarrollo?

Nixdorf ha respondido a la cuestión anunciando en octubre de este año, que iba a aplicar el bisturí a su plantilla, concretamente al departamento de desarrollo de nuevos productos. De 2.888 personas, pasaría a 2.440 en 1990. En el primer semestre de 1989 las pérdidas fueron de 297 millones de marcos, unos 19.000 millones de pesetas. Al primer ordenador personal de IBM le salieron cientos de copias llamadas «clones». Por eso, IBM desarrolló recientemente el modelo Personal System/2, con una arquitectura -configuración interna- muy compleja para retrasar las copias. Pero con todo y eso, la verdad es que el mercado está saturado. 

«Los ordenadores son como los automóviles. La gente que ya dispone de uno, no comprará otro hasta pasados varios años», dice Jens Riis, un consultor informático afincado en España. Todavía está por ver cuál va a ser la acogida de los nuevos modelos de ordenadores. Next, quiere abrirse paso con un equipo que incorpora disco óptico e impresora de 400 puntos. Steve Jobs, fundador de Next y, en su tiempo, de Apple, se ha aliado con IBM y Microsoft para producir las estaciones de trabajo de los años noventa. Jobs no quiere caer en lo que los expertos llaman «vapourware», es decir, aquellos modelos que nacen y mueren en la inopia.

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