21 diciembre 2010

Nuestra clase política: desmadre a la española. Séneca.


 Un servidor, cuando creó este humilde blog, no pretendía hacer de él un libelo alarmista ni mucho menos... pero la tozuda realidad que marca nuestra actualidad está haciendo de él una continua denuncia ante tantos y tantos atropellos.


 Resulta que hoy se ha procedido a la investidura del nuevo parlament de Cataluña y, entre la multitud de datos ofrecidos, me he quedado con uno sólo: el 64% de los nuevos diputados de dicho parlament jamás han trabajado en una empresa privada.


 Se lleva la palma el partido comunista, el 90% de sus diputados no saben lo que es picar para comenzar su jornada laboral. No le sigue muy de lejos el partido socialista catalán que posee entre sus diputados un porcentaje del 72% que nunca han experimentado lo que significa ser obrero o asalariado en este país.


 Hoy comentaba el desesperante dato con un viejo conocido el cuál me ofreció una explicación totalmente creíble y convincente a través de un proceso que todos vamos a reconocer de inmediato. Me decía mi amigo:


"Este fenómeno es sencillo de explicar. Hoy la política no se estudia en facultades, ni se accede a ella por brillantez en la materia que domines ni nada parecido. El que quiera hacer carrera política en España comienza de cartelero... esto es; pega carteles del partido político, o sindicato, que haya elegido previamente al azar (a ser posible en uno de gran calado social y electoral) sobre las paredes o cualquier superficie bien visible. Después se deja ver frecuentemente en los mítines y reuniones de dicho partido y su principal misión consistirá en gritar las consignas o el nombre del candidato o secretario general con más volumen que nadie y, por último, invertir sabiamente sus pocos euros en invitar a café a la persona adecuada y pelotearle a diestro y siniestro. No transcurrirán más de 2 ó 3 años para que dicho partido o sindicato le proporcione un carguito, cargo o chollo laboral según se estime conveniente en compensación por sus "grandes" servicios prestados. Éste y no otro es el nuevo caladero del que se nutre nuestra clase política y así nos va y nos luce el pelo"


 Cuando me proporcionó semejante explicación no pude contener una sonora carcajada que se elevó entre los sonidos de la cafetería en la que nos encontrábamos... aunque, después de rumiar sus palabras, mientras caminaba ya en solitario, no pude llegar a otra conclusión de que tenía más razón que todos los santos del santoral y la tristeza de tal descubrimiento transformó mi hilaridad en un serio y preocupado semblante.


 Os dejo un artículo de José García Domínguez que trata sobre todo lo que os acabo de relatar. Os aseguro que no se trata de una broma ni del capítulo de una serie televisiva de ciencia ficción sino de nuestra triste y descorazonadora realidad.


La Casta. José García Domínguez.

Con alguna perplejidad, la justa, acuso recibo por la prensa provincial de que el 64 por ciento de los diputados del nuevo Parlament de Cataluña jamás ha trabajado en una empresa privada. Tal que así, 86 de los 135 tribunos que integran la cámara doméstica, una holgada mayoría absoluta, aún ignoran qué es una entrevista laboral. Memorable virginidad en la que destacan los comunistas. Y es que apenas el 10 por ciento de esos benefactores del proletariado se ha mezclado alguna vez con el objeto de sus desvelos en horario de oficina. Una prudencial distancia con la clase obrera que igual han procurado mantener sus pares, los electos del PSC. De ahí que apenas el 18 por ciento de ellos haya pasado por experiencia tan traumática como la de cobrar cada fin de mes en base al efectivo valor del trabajo realizado.
Mas nadie vaya a pensar que les anda a la zaga el cuadro de actores que representa a la célebre burguesía catalana, esa ficción literaria que tanto deslumbra a algunos palurdos de la Meseta. Sépase al respecto que entre los hijos putativos de Jordi Pujol, más de la mitad, en concreto el 63 por ciento, tampoco ha pisado en su vida una sociedad mercantil de las de verdad, de ésas que dependen de la cuenta de resultados con tal de subsistir en el mercado. Por lo demás, y en justa compensación, volveremos a disfrutar, al igual que en la legislatura pasada, de un muy variado surtido de directivos en tinglados solidarios con las causas más estupefacientes que imaginar quepa.
Nada nos ha de faltar en el Hemiciclo, desde promotores deoenegés comprometidas con los derechos de inciertas tribus del Congo, a entusiastas defensores de las ricas variantes lingüísticas que imperan en la selva amazónica. Como en botica, pues, en el Parlament habrá de todo. Excepto, huelga decirlo, juristas de prestigio, catedráticos, economistas más o menos señeros, ingenieros de solvencia acreditada, directivos de empresa, o cualquiera cuyo currículum no remita a los eslabones funcionariales de acceso restringido. Esto es, al retrato robot del apparatchikpedáneo de anémica formación técnica, parca inquietud académica y contrastada obediencia al mando. Suerte que Artur Mas encarna la excepción: durante años, fue empleado y mano derecha de Prenafeta en la quebrada Typel.
José García Domínguez nació en Lugo en 1961, es economista y ejerce la docencia en Barcelona. Pronto, a los catorce años y viviendo ya en Barcelona, comenzó sus escarceos con la izquierda marxista gracias a un cúmulo de circunstancias personificadas principalmente en un profesor de su escuela y en el ambiente que se vivía en torno a ésta. Entró en el PSUC formando parte de las juventudes comunistas. Sin embargo, tras cerciorarse de que la revolución tan cacareada no llegaría jamás arribó al desencanto. No fue hasta el 23-F en que se decide por el PSC. Pero la realidad del socialismo corrupto era demasiado evidente. Y dio el paso definitivo: dijo adiós a la izquierda.

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