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miércoles, 27 de marzo de 2013

El huracán chipriota deja al Titanic del euro al borde del naufragio.



La posible aplicación en los próximos rescates a otros países europeos de las condiciones impuestas a Chipre –que incluyen una amplia quita a los grandes depositantes (con más de 100.000 euros), bonistas y accionistas de los bancos chipriotas– despertó ayer el temor de los inversores a una nueva era en el reparto de las cargas derivadas de socorrer en adelante a cualquier socio del euro. Sólo unas horas duró la calma tras el principio de acuerdo entre la troika y Chipre. Las declaraciones del presidente del Eurogrupo, el holandés Jeroen Dijsselbloem, sugiriendo que lo impuesto al Gobierno chipriota sea la base para auxiliar en el futuro a las economías comunitarias en dificultades asustaron a los mercados, que volvieron a los números rojos. El Ibex se dejó un 2,27% en la sesión, algo más que el resto de las bolsas europeas, en su cuarta mayor caída del año, mientras que la prima de riesgo española recuperó los 360 puntos.


Que paguen los responsables. Desde instancias europeas se defendió el acuerdo como el mejor posible para el futuro de Chipre, mientras que la canciller alemana Angela Merkel se felicitó porque “la responsabilidad recae sobre los que han originado el problema”. Pero sería ingenuo pensar que este giro en el diseño de los rescates europeos no tendrá consecuencias sobre el conjunto de la zona euro. La credibilidad de la UE ya se ha visto suficientemente dañada con su torpe gestión de la crisis de Chipre, y ahora está por ver si los inversores respaldan este nuevo esquema para resolver crisis bancarias. Aunque es pronto para delimitar con exactitud las secuelas del caso, es fácil vaticinar un endurecimiento a corto plazo de las condiciones de financiación para los bancos europeos más debilitados. Su posición es ahora menos estable después de que por primera vez desde el inicio de la crisis en 2008 los líderes europeos hayan forzado la quiebra directa de un banco con problemas de solvencia en vez de irrigarlo con dinero público, como sucedía hasta ahora. Por otro lado, Europa afronta en las próximas semanas riesgos adicionales a los derivados de implementar el rescate chipriota. La delicada situación de Eslovenia, el estancamiento de las negociaciones con Grecia para la entrega del siguiente tramo de la ayuda comunitaria o las dudas que genera una economía del tamaño de la francesa aumentan la incertidumbre.

Unión bancaria. Visto el caos creado para auxiliar a la banca chipriota, cabe preguntarse si la prometida unión bancaria hubiera podido servir de freno a estas turbulencias. Hasta ahora, las condiciones impuestas en los sucesivos rescates a varias economías europeas –Grecia, Irlanda, Portugal y ahora Chipre– se han presentado a la opinión pública como soluciones “únicas y excepcionales”, pero es necesaria una mayor certidumbre y previsibilidad de cara al futuro. Por eso, los líderes europeos deben dar un nuevo impulso a los aspectos pendientes de la integración del sistema financiero comunitario: el mecanismo de resolución bancaria único y de recapitalización directa, la aplicación efectiva de la supervisión común y la instauración de un fondo unificado de garantía de depósitos.


Digestión pesada. También serán necesarias medidas de estímulo a la economía chipriota, ya que el acuerdo alcanzado con la troika no soluciona sus problemas.Chipre se enfrenta a duros años de ajuste (su PIB podría caer un 10%) por su excesiva dependencia de un sector bancario hipertrofiado; a la pérdida de su atractivo como paraíso fiscal y la reconversión industrial que conllevará, y deberá gestionar con cuidado su abultada deuda pública una vez recibido el rescate de 10.000 millones de euros, equivalente al 60% de su PIB. Además, la tensión generada en los mercados la semana pasada por las dudas del Gobierno chipriota sobre el rescate no le ha salido gratis: las condiciones serán finalmente más duras de lo previsto e implicarán la reestructuración de los dos mayores bancos del país y la liquidación del segundo de ellos. Aunque no todo son malas noticias para la economía chipriota. Al menos, el acuerdo para el rescate consiguió rebajar la tensión con Rusia, que la semana pasada rechazó taxativamente el gravamen que afectaba ampliamente a sus ciudadanos con depósitos en la isla (un 25% del total invertido en Chipre) y posteriormente se negó a auxiliar al Ejecutivo de Nikos Anastasiadis en su búsqueda desesperada de una solución alternativa. Ayer, por el contrario, el presidente ruso, Vladimir Putin, ordenó suavizar las condiciones del préstamo de urgencia que concedió hace meses a Chipre por valor de 2.500 millones de euros.


A consecuencia de todo esto, los más férreos euro-escépticos no dejan de repetir la triunfal consigna, para su causa, del "ya se lo decíamos nosotros", con los ingleses a la cabeza. Nigel Farage , el líder ultraconservador inglés, ha aprovechado la tesitura para pedir de una vez por todas la desintegración ordenada de la zona euro, como ya hizo en su momento con el rescate español. Aquí os dejo un vídeo de aquel momento en el que criticó duramente a Rajoy y dio por finiquitado, por enésima vez, al euro como moneda en el panorama económico y financiero internacional. 


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