04 octubre 2013

La posibilidad de una suspensión de pagos de EEUU comienza a sembrar de desconfianza al mundo financiero.


 “Una caída de EEUU en suspensión de pagos sería catastrófica y conduciría a una crisis igual o peor que la de 2008”. Con esa contundencia se expresaba un informe del Tesoro estadounidense sobre los riesgos latentes si los grupos políticos del país no alcanzan un acuerdo para elevar el techo de deuda antes del 17 de octubre. Estos augurios dantescos no han convulsionado al mercado porque predomina la idea de que, antes de que venza el plazo, se desactivarán los riesgos. Pero la mera posibilidad de que este escenario se haga efectivo va calando en el mercado, donde la cautela se impone sobre el optimismo en torno a la recuperación de la economía.


Este sentimiento es más notable en Wall Street, donde la prevención de los inversores se traducía ayer en el noveno recorte en once sesiones. Los débiles datos del sector servicios reforzaban la prudencia. El Dow Jones retrocedió un 0,9%, y perdió la cota del 15.000, y el S&P perdió otro tanto, lastrado por las compañías de servicios públicos. En las últimas dos semanas, ambos índices se han desinflado un 4,3% y un 2,7%, respectivamente, desde máximos históricos.

Europa, poco a poco, se contagia del desánimo de Wall Street, pese a los datos que apoyan la mejora de la economía regional. El PMI de servicios superó las previsiones, pero los inversores optaron por la recogida de beneficios. El Cac galo restó un 0,73%; el Mib italiano, un 0,44%; y el Dax alemán, un 0,37%. El Ftse británico representó la excepción, al repuntar un 0,18%, favorecido por una serie de noticias corporativas que permitieron a Vodafone, Aviva y BP sumar más del 1%.


El Ibex, por su parte, restó un 0,58%, hasta los 9.295 puntos. Los inversores deshicieron posiciones en banca y energía. Sabadell, que acumula alzas próximas al 14% en el último mes, fue la entidad más penalizada, al dejarse un 2,24%, mientras que Enagás, Repsol e Iberdrola firmaron recortes superiores al 1%.


Mientras tanto, el cierre del Gobierno yankee sigue causando desconcierto e incertidumbre.


La Administración norteamericana ha echado el cerrojo y, con ello, los servicios de estadísticas que se elaboran a nivel federal. Así que hoy no se publicará el dato de paro referente a septiembre, el registro más importante que esperaba la Reserva Federal para estudiar el futuro de su plan de estímulos.

“Sin estadísticas buenas y fiables, será mucho más difícil tomar algún tipo de medida”, ha asegurado Eric Rosengren, presidente de la Reserva Federal de Boston, que entiende que habría sido “prematuro” reducir la compra de deuda en septiembre, como esperaba el mercado.

Ahora, las nuevas fechas en las que los inversores esperan que el banco mueva ficha son octubre (la reunión será los días 29 y 30) o diciembre (la cita será el 17 y 18), si bien ya hay quien empieza a posponer el recorte de los estímulos hasta enero.


El plazo se demorará más según se alargue el cerrojazo del Gobierno, pues nadie sabe cuándo se publicará finalmente el dato de paro. Su importancia reside en que la Reserva Federal necesita cifras que le confirmen la tendencia del mercado laboral. Es cierto que el desempleo ha bajado del 8,1% al 7,3% desde que el banco anunció su programa de compra de deuda en septiembre del año pasado. Pero lo ha hecho a costa de las tasas de actividad, que están en mínimos históricos.

“Podríamos tomar una decisión en octubre”, dijo antes del cierre del Gobierno Charles Evans, presidente de la Reserva Federal de Chicago. “Tenemos que ver la evolución de la economía para tener una confianza añadida. No me sorprendería si la decisión se toma un poco más adelante”, añadió, en una declaración que ahora adquiere más relevancia.


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