18 febrero 2014

La unión bancaria, un nexo imprescindible para la UE que no gusta a los halcones.


 La próxima reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la UE se enfrenta a una de las decisiones más importantes de la historia de la Unión Económica y Monetaria. El Ecofin dio un paso muy relevante en diciembre para construir un Mecanismo Único de Resolución (MUR) que permita liquidar bancos problemáticos de la zona euro y, con ello, rompa con el vínculo que existe entre la banca y los Estados. Pero quedan flecos por cerrar para que este instrumento sea realmente efectivo y consiga su objetivo: que el sector financiero de un país no ponga en peligro la solvencia de la deuda soberana, como ocurrió en Irlanda, España y, en menor medida, Portugal y Grecia.


El Parlamento Europeo, el BCE y la Comisión Europea tienen razón: el pacto de mínimos al que han llegado los líderes del euro es aún insuficiente. Los gobiernos de la UE deberían tener menos influencia en la toma de decisiones del MUR, la fase transitoria para que el fondo único de resolución sea realmente único debería acortarse y hace falta concretar una red de seguridad pública europea en caso de que el mecanismo -financiado por los bancos- se quede sin recursos.


Con el acuerdo de diciembre del Ecofin, los bancos aportarán 55.000 millones de euros al MUR, pero lo harán gradualmente en un periodo de diez años. Esto quiere decir que si se produce una quiebra bancaria en los primeros años, el fondo será insuficiente. Y si como contempla ahora el Ecofin, una vez que se agote el dinero del fondo, es el Estado del banco problemático el que debe limpiar el desaguisado, el nexo banca-Estado seguirá sin romperse. Sobre el proceso de toma de decisiones, es necesario simplificarlo y reducir la influencia del Consejo Europeo. Lo último que se necesita a la hora de liquidar un banco es un proceso en el que intervengan representantes de 28 países, cada uno con sus propios intereses nacionales en el asunto. 


Es imprescindible que Europa, antes de las elecciones europeas, dé un paso decisivo para que la presión de Alemania y otros halcones del euro no frenen la creación un Mecanismo Único de Resolución verdaderamente eficaz. Berlín, de forma hasta cierto punto lógica, defiende los intereses de su banca, pero si no hay avances significativos con el MUR, cualquier rebrote de la crisis bancaria podría dañar una recuperación que comienza a dar sus primeros frutos pero que aún es “débil” y “frágil” y devolver a Europa a los momentos dramáticos del verano de 2012. Si eso ocurre, el remedio acabará siendo peor que la enfermedad.


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