05 julio 2013

... Y Draghi volvió a coger su fusil.


Vista la sobrerreacción de los mercados hace dos semanas a las declaraciones del presidente de la Fed, Ben Bernanke, su homólogo en el BCE, Mario Draghi, habló ayer más claro que nunca. Y lo hizo contraviniendo la práctica habitual de la institución de no anticipar movimientos futuros. Pero la situación actual requiere certidumbre, por lo que Draghi se comprometió a que los tipos de interés seguirán en el actual mínimo histórico del 0,5%, e incluso bajarán más, todo el tiempo que sea necesario. Unas declaraciones que recuerdan a las de hace casi un año, cuando en plena tormenta financiera –la prima de riesgo de España llegó a 649 puntos– el presidente del BCE logró calmar a los mercados al garantizar la superviviencia del euro a cualquier precio. Esta vez, el paso al frente de Draghi llega cuando los movimientos especulativos apenas han comenzado, pero la amenaza de las crisis políticas en Grecia y Portugal así lo aconsejaban.



Como era previsible, el impacto alcista en los mercados fue inmediato. Sobre todo al trascender la unanimidad en el Consejo del BCE, incluido el ortodoxo presidente del Bundesbank, respecto al acuerdo alcanzado. Las grandes bolsas europeas se anotaron subidas cercanas al 3%, nivel que superó el Ibex 35. Los inversores aplaudieron así el establecimiento de una hoja de ruta estable a medio plazo para la política monetaria de la zona euro, marcando distancias con la Reserva Federal estadounidense. Con esta inédita declaración de intenciones, el BCE quiere evitar que el vuelco en la estrategia expansiva del banco central de EEUU y su impacto en los mercados monetarios frustren los esfuerzos realizados hasta ahora para estabilizar la economía comunitaria.



La unión bancaria en la U.E, un sueño que ya acumula 10 años y nunca termina de plasmarse, se antoja más necesaria que nunca para armonizar de una vez por todas la zona €.

A pesar de ello, Draghi es consciente de que sus recursos son limitados, por lo que instó de nuevo a los líderes de la UE a que avancen en la llamada unión bancaria para romper el vínculo existente entre deuda soberana y bancos nacionales. Uno de los aspectos clave en este ámbito es la normalización del crédito hacia familias y empresas, así como reducir las diferencias en el acceso a la financiación entre los países del sur y del norte de Europa, para lo que el BCE aún se guarda un as en la manga: su presidente dejó entrever que cada vez está más cerca la posibilidad de situar en negativo el interés que reciben los bancos europeos por el dinero que depositan en la institución, actualmente el 0%, lo que supondría un castigo a esta práctica y un fuerte incentivo a la concesión de nuevos préstamos.


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